domingo, 19 de abril de 2015

El Trol. Capítulo 1: Origen

Empieza la semana del libro y para celebrarla me he dedicado a publicar mis historias en amazon con la ayuda de Create Space, para el formato en papel, y de KDP para los ebooks. Me estoy convirtiendo en una experta, ya no se me atascan los pasos aunque no siempre remato el libro a la primera. Cuando menos te lo esperas sale algo que te la juega y te cambia la paginación que, con tanto esmero, habías conformado.

Para inaugurar el proyecto he escogido a un trol un tanto singular. Se trata del protagonista de mi último cuento. ¿Qué os parece la portada? Es una ilustración de John Bauer. Sé que los trols no son los personajes favoritos de casi nadie pero también son víctimas de los prejuicios y la incomprensión. ¿Quién mejor para contarle su historia que una grumpy dispuesta a escucharla? Este es el enlace de su relato en amazon: El Trol, de momento está disponible en Kindle y aún tardará unos días en papel (aunque ya aparece y se puede encargar). Así comienza:

CAPÍTULO 1: ORIGEN

Según la tradición los trols viven de noche y, durante el día, duermen en grutas excavadas en las montañas porque no soportan la luz. Su leyenda también afirma que, si no se refugian, los trols se convierten en piedra al amanecer, con el primer rayo de sol. Como casi todas las leyendas ésta posee una base de verdad, aunque cubierta por un grueso barniz de fabulación. ¿Qué es cierto y qué no lo es? Es difícil de saber si no se es un trol pero, en este caso, aunque no se me pueda considerar un ejemplar típico, es lo que soy.

En realidad los trols no somos monstruos. Simplemente somos consecuencia de las fuerzas de la naturaleza, la misma que, al principio de los tiempos, dio origen a las montañas. Nacemos de las rocas, de piedras gigantescas que, al derrumbarse por su peso o a consecuencia de un temblor de tierra, ruedan y siembran la muerte y la destrucción. Tanto es así que incluso muchas se aplastan durante el proceso o en ocasiones quedan enterradas al fondo de alguna morrena. En esos casos, las rocas se pierden sin que jamás surja de ellas ningún trol. 

En nuestro trayecto hacia la vida recogemos el polvo acumulado durante años, es el polvo sedimentado por el transcurso del tiempo, por la erosión y también por la destrucción. El olor del miedo que engendramos a nuestro paso se pega a nuestros cuerpos. En el camino, nuestra roca madre se precipita a través de alguna de las grietas que horadan las laderas, las paredes nos golpean, rompen nuestra cubierta y cincelan nuestra nueva forma. Finalmente, el último choque contra el suelo de una cueva, nos despierta. Es cierto que el batacazo nos aplasta también el cerebro y nuestra especie no goza de fama por su inteligencia sino más bien por atontados. Habría que ver el efecto de semejante golpe en esos que se mofan de las cortas luces de los trols, aunque los muy cobardes siempre guardan una distancia respetable,  saben que un manotazo bastaría para acabar con su guasa. El miedo, la muerte, el polvo, la oscuridad y la lucha, al igual que la montaña, son parte intrínseca de nuestra esencia, son nuestro origen y conforman lo que somos. No somos responsables de nuestra naturaleza.

martes, 14 de abril de 2015

Sombras

En el tiempo en el que no existía el Tiempo, entre la nada del futuro universo, dos poderosas diosas combatían sin tregua por conquistar a Eloe, el poderoso dios del viento. Anya, reinaba sobre la luz, Mina sobre la oscuridad y el caos.

Al principio Anya iluminó el vacío del cosmos con su resplandor. Contrariada, Mina condensó la materia esparcida en el espacio infinito y la modeló en cuerpos opacos para romper con sus sombras la luz de su enemiga. Anya los encendió y se engendraron estrellas de esa misma materia. Mina contraatacó y, en una vorágine de seísmos y negras tormentas, fisuró la corteza, antes lisa, de los astros y aprisionó su energía en el interior de simas de lava incandescente. La guerra entre ambas diosas creaba y destruía. Se transformaban masa y energía. Su lucha generó no sólo desorden y devastación sino que, fruto de su enfrentamiento, surgieron meteoros, galaxias y nebulosas. Constelaciones inmensas vagaban sin rumbo por el firmamento y, a pesar de la inmensidad del vacío que las rodeaba, algunas colisionaron entre sí. Tras el choque se concentraron en cuerpos celestes de densidad infinita. Incluso la luz era atraída por la fuerza gravitatoria de aquellos gigantescos agujeros negros. 

Anya quiso borrar la presencia de Mina en el recién nacido universo, aniquilar las sombras y desdibujar los contornos opacos en halos de luz. Sin embargo, al difuminarlas, el espacio perdió nitidez. El brillo de las estrellas se desvaneció. Fue entonces cuando la diosa se dio cuenta de que borrar las sombras entrañaba destruir el cosmos existente. La sincronía de luz y oscuridad era lo que diseñaba aquel mundo de objetos, trazaba los perfiles de sus elementos y proyectaba sus formas sobre el firmamento. Las sombras eran tan solo meras impresiones de esos cuerpos, originadas por la combinación de claridad y penumbra. 

Anya abandonó la lucha. Suavizó su fulgor para proteger a los astros de sus radiaciones y tamizó sus rayos entre partículas de agua y gas para no dañar a los más delicados. Al filtrarse, su resplandor blanco se dispersó en una amplia gama de colores que realzaron la belleza del cosmos. 

A Eloe le sedujo el trabajo de aquella diosa creadora. Quedó prendado por la aparición de destellos fugaces e inesperados en el espacio, por la variedad de tonalidades y por la fragilidad cambiante de las imágenes y sus reflejos. La diosa de la luz diseño astros con nuevas formas y matices y Eloe trazó rutas de navegación para que cruzaran el firmamento.

Eloe y Anya ¡unidos! Mina se sintió despechada. Se vengaría de los amantes. Arrasaría su mundo. El espacio retumbó bajo la violencia de su ira. Desató su violencia en forma de tempestad. Refulgieron los rayos. Detonaron los truenos. Un océano oscuro inundó el universo de objetos, color y contornos de sombras. La diosa no se conformó con causar estragos en todo lo creado. Aprovechó la violencia cegadora del diluvio para capturar a Eloe y sumirle en la profundidad de las tinieblas.

Al faltarle Eloe, el corazón de Anya estalló de tristeza. La intensidad de su dolor inflamó el cuerpo de la diosa como una brasa incandescente. Su dolor encendió el agua que ahogaba al dios. La oscuridad se tornó fuego. Un último rayo iluminó a Eloe y le señaló el camino hacia la libertad. Eloe navegó hacia la diosa. Sin embargo, antes de alcanzarla, el fuego fundió el corazón de Anya y lo rompió en mil añicos. Sus fragmentos se esparcieron por el universo y lo salpicaron de polvo de estrellas. 

El lamento del dios al perder a su amada sopló desde la orilla de aquel mar inmenso. La superficie del agua se rizó en ondas mientras que el océano se recogía en su lecho. La tierra se secó y las ráfagas de viento tallaron el agua evaporada en nubes de formas fluidas y caprichosas. 

Eloe ascendió en el cielo en busca de su diosa. Notó su contacto entre las estrellas. Recogió el finísimo polvo celeste, reunió las partículas en un satélite de plata y lo colgó de aquel cielo estrellado. Con los haces de su luz perlada recreó la imagen de la diosa en una figura etérea: Selene, el espíritu de la luna. 

Eloe no se rindió, prosiguió su búsqueda hasta identificar la estrella que había emitido aquel último rayo de luz, el resplandor que le había liberado mientras se hacía añicos el corazón abrasado de la diosa. Sopló con suavidad y arrastró en sus corrientes aquel astro ardiente. Juntos se lanzaron al océano. El brillo de la estrella se multiplicó antes de hundirse en el mar. En ese instante, el resto de las estrellas se apagaron. La noche quedó oculta tras una cortina de luz. El agua opaca se tornó transparente y cristalina. La claridad envolvió el mundo. 

Mina persiguió la nueva luz para sofocarla pero los vientos de Eloe empujaron al astro hacia las profundidades, protegiéndolo tras una cascada de colores de fuego. Al esconderlo, las estrellas reaparecieron. El reflejo de la luna describió una senda misteriosa sobre las olas. La Diosa oscura se alejó derrotada, perdido el objeto de su búsqueda.

A la mañana siguiente, la estrella emergió del agua e iluminó el mundo. 

jueves, 9 de abril de 2015

A brazo partido

Hay días en los que trabajar no es fácil. No es cuestión de cansancio, no tiene relación con el síndrome del lunes, ni tampoco es culpa de que los pacientes, o el médico, tengan el día cruzado. Una puede llegar al hospital con el mejor de los ánimos y encontrarse con que todo se tuerce porque sí, sin más. Conseguir que las cosas salgan, pese a las circunstancias, es a costa de luchar a brazo partido contra los elementos.

Al llegar a la consulta, aún antes de dejar el abrigo, lo primero es encender el ordenador. Esto tiene su razón de ser: mientras el dichoso aparato, a punto de cumplir una década según indica su etiqueta, se decide, da tiempo de sobra a guardar las cosas, buscar dónde tiré la bata, deprimirse tras echarle un vistazo a los listados e, incluso, tomar un café si es necesario para terminar de abrir los ojos. Con eso, generalmente, suele bastar para que la maquina arranque, aunque siempre conviene estar pendiente y no confiarse, nunca se sabe las sorpresas que reserva al sentirse abandonada. La última, y eso sin separarme de ella, fue media hora de barrido de disco duro tras el cual me tocó llamar a informática porque la sesión la había agotado. ¡Si es que ya no tiene edad para esos trotes!

A pesar de las instalaciones antediluvianas, lo peor con diferencia es el programa de consultas, un galimatías de pestañas e iconos diseñado por todo un equipo de genios que lo bautizaron con el sugerente nombre de Selene (con tanta pestaña tenía que ser femenino). Selene ya decidió tomarse vacaciones en Navidad y las disfrutó tanto que ha repetido tras Semana Santa. Al principio de la mañana funciona más o menos bien pero, a partir del mediodía, comienza la juerga. El ordenador se bloquea. La explicación es que, al parecer, Selene es demasiado sensible para la miserable red del hospital por lo que, en plena hora punta, no da más de sí y se cuelga (y los médicos también). No es posible escribir una nota, ni pedir un preoperatorio, ni solicitar una cita. Imposible trabajar en esas condiciones. La pantalla se queda en blanco, literalmente, y no permite hacer nada, absolutamente nada, salvo desesperarse.

El problema de la desesperación es que su progresión hacia un estado de furia es cuestión de carácter, y de, más o menos, tiempo. Una hora de intentos frustrados al intentar escribir en las historias suele bastar para obrar la transformación en la mayoría de los casos. En el proceso se prueban toda suerte de trucos: reiniciar el ordenador, cambiar de sala y llamar a informática, donde comunican sin parar. Por mucho que uno se esmere en continuar con su tarea, la consulta se enlentece, no así el ritmo cardiaco. Por desgracia no todos los pacientes hacen gala de la cualidad que su nombre indica y algunos, sin conocer al médico ni tampoco importarles, invaden las consultas para preguntar cualquier estupidez, generalmente relacionada con su cita con otro facultativo. Indicarles que no deben pasar, que ya saldrá alguna auxiliar a resolver sus dudas, no sirve de nada, no están dispuestos a marcharse sin una respuesta. ¿Por qué a nadie se le ocurre entrar en la cabina de un piloto de avión y sí se creen con el derecho de avasallar al médico en su cubil? Un galeno en plena guerra contra la informática no está de humor para tonterías y llega un punto en el que mordería. El maleducado de turno no sabe la suerte que tiene de librarse con solo unos gruñidos.

En fin, todo son ventajas en un hospital informatizado. Si el médico ha aprobado una carrera, el examen MIR, sobrevivido a la residencia y a las guardias y está habituado a apañárselas en situaciones peliagudas ¿con qué reto desafiarle?, ¿por qué no añadir una nueva serie de botoncitos al programa? No se admiten fallos y, sin embargo, todo son quejas cuando, al revisar, falta una nota o no se ha verificado la visita de un paciente. ¡Horror! ¿Qué dirá el inspector si lo descubre? Se organiza toda persecución, a base de llamadas y correos, hasta que se subsana tamaño error. ¡Qué despistados son los profesionales, siempre hay que andar detrás de ellos!

miércoles, 8 de abril de 2015

Variaciones sobre las Torrijas

¿A quién no le gustan las torrijas? Aunque sería mejor preguntar ¿qué torrijas os gustan? Las de hermanísima son deliciosas aunque aún estoy esperando las de este año, se lo recuerdo por si acaso se ha olvidado de su hermana "favorita".

A pesar de haber tenido que sacrificarme sin las de hermanísima, eso no significa que me haya resignado a pasar la Semana Santa castigada sin este postre. Mención especial se merecen las de mi encantadora vecina de arriba que bajó una tarde antes de vacaciones a que le firmase un ejemplar de "Paloma" y, de paso, nos trajo de regalo unas torrijas buenísimas de las que dimos buena cuenta en la cena. Da gusto cenar así, de caprichos inesperados.

En el hospital procuramos hacer una pausa para tomar un tentempié a media mañana. Son unos minutos en los que tomamos fuerzas y nos cuidamos en lo posible. En ocasiones son los pacientes los que nos cuidan y nos deleitan con sus especialidades culinarias. Se dice que a los hombres se les conquista por el estómago y doy fe de que a los galenos también. En el servicio contamos con un par de auxiliares cuyas torrijas se han ganado una más que merecida fama y, para innovar sobre la receta habitual, una de ellas las ha preparado este año rellenas con un poquito de crema pastelera.

Conviene conocer algunos trucos con los que arreglar, muy fácilmente, unas torrijas que no terminan de convencer: que están algo secas, pues se carga leche en una jeringa, bastan unos 10 ml por torrija, y se inyecta en varios puntos en el interior de la miga. Si el problema es la falta de dulzor, solo hay que espolvorearlas con un poco más de azúcar (idem si se prefieren con más canela). Más difícil es solucionar el exceso de dulzor, se puede probar a inyectarles leche para ver si así expulsan almíbar pero, a veces, ni por esas, así que es mejor que pequen por defecto que por exceso.

Es un postre que admite un millón de variantes. Permiten usar cáscara de naranja en vez de limón para darles un toque diferente, bañarlas en chocolate fundido, untarlas de Nutella, cubrirlas con toffee en vez de azúcar o sustituir la leche por horchata o por vino. Hay restaurantes italianos en las que, en lugar del pan, utilizan panettone. Esta Semana Santa las hemos probado de sobao pasiego en el restaurante Conlaya (imaginad un postre de lo más light: medio sobao mojado en leche, rebozado en azúcar y caramelizado en la plancha acompañado de un helado delicioso del que no tengo la receta, el aspecto era de vainilla o mantecado pero el sabor recordaba al del sobao).

No en todas las pastelerías se reservan las torrijas para esta temporada. Una amiga mía compra unas, poco después de las vacaciones de Navidad, en una pastelería de la C/ Francos Rodríguez, para las que aprovechan los roscones sobrantes Reyes (cortan dos rebanadas y las rellenan de crema antes de pasarlas por leche y freírlas). Con esos ingredientes sólo pueden describirse como celestiales.

Hace ya tiempo puse en el blog la receta clásica de torrijas así que aquí van unas cuantas versiones para el que le apetezca animarse.

TORRIJAS AL HORNO

Ingredientes
Pan del día anterior
Leche 100 ml. por cada dos torrijas (se puede sustituir por HORCHATA)
Azúcar (1 cucharada por cada 100 ml de leche)
Piel de limón
1 rama canela
2 huevos
Azúcar, canela o miel para cubrirlas.

Elaboración
Poner en un cazo, la leche (o la horchata), el azúcar, la piel de limón y la canela. Llevar a ebullición. Cuando arranque a hervir retirar del fuego y dejar enfriar.
Batir los huevos en un bol. Cortar rebanadas de pan y ponerlas en una fuente honda, verter la leche infusionada por encima. Dejar en remojo, tan solo un par de minutos.
Pasar las rebanadas de pan por el huevo batido y colocarlas en una bandeja para horno encima de papel vegetal. Meter en el horno precalentado a 180º durante unos 20 minutos ó hasta que estén doradas.
Rebozar con azúcar y canela o calentar un cucharadita de miel por cada torrija junto con la misma cantidad de agua, dejar reducir y servir las torrijas regadas con ese jarabe.
También se pueden caramelizar: gratinar unos segundos tras cubrirlas de azúcar o pasarlas vuelta y vuelta por una sartén antiadherente.

TORRIJAS DE ZANAHORIA
Típicas en Cartagena donde se hacen el día de Todos los Santos.

Ingredientes (4 comensales)
Medio kilo de zanahorias,
2 huevos,
100 gramos de azúcar.
Canela,
Ralladura de 1 limón,
Aceite de oliva,
Azúcar y canela para espolvorear.

Elaboración
Cocer las zanahorias limpias y troceadas hasta que estén tiernas. Escurrir el líquido.
Se chafan con un tenedor, se añaden los huevos, el azúcar, la canela, ralladura de limón y se mezcla todo bien hasta conseguir una masa que podamos manejar con las manos.
Se forman tortas en forma de torrijas que se fríen en aceite caliente hasta que estén doradas por los dos lados.
Se colocan sobre papel de cocina para que absorba el aceite sobrante y se sirven calientes espolvoreadas de azúcar y canela.

TOSTADAS DE SANTANDER
Típicas de Santander, se preparan con un pan especial, más denso.

Ingredientes (8 comensales)
1 barra de pan especial.
1 litro de leche.
Un bote grande de leche condensada.
250 mililitros de nata liquida.
Un chorro generoso de brandy.
6 huevos.

Elaboración
Preparación del almíbar: cocer en una cazuela, una rama de canela, una piel de naranja y otra de limón, medio litro de agua y dejamos cocer hasta tener un almíbar bien concentrado.
Se precisa un poco mas de un vaso de agua del almíbar.
Se hierve la leche con el almíbar. En ese momento en que rompa a hervir se añade la leche condensada y se espera a que vuelva a hervir para poner la nata y el brandy.
Cuando hierva de nuevo se meten en el líquido, una a una, las rebanadas de pan cortadas como si fueran torrijas, poco a poco para que no pare de hervir.
Dejamos que se empapen bien en la mezcla antes de sacarlas. Se colocan en una fuente hasta que se enfríen.
Cuando las rebanadas estén bien frías, se baten los huevos y se pone una sartén al fuego con aceite de oliva.
Se pasan las tostadas por el huevo batido y se fríen con cuidado para que no se quemen.
Servir templadas.

TORRIJAS DE VINO DULCE (del sevillano Convento de San Andrés)

Ingredientes
Pan del día anterior.
1/2 litro de vino blanco dulce.
Aceite de girasol o un aceite de oliva suave para freír.
2 Huevos.
Azúcar.
Canela molida.

Elaboración:
Se corta el pan en rodajas. El corte a nuestra elección, más grandes, pequeñitas, como más nos gusten.
En un recipiente se pone el vino dulce y si no se quiere que las torrijas queden demasiado fuertes, se rebaja con un poco de agua y azúcar. Se meten las rodajas de pan y se deja que se empapen bien, lo mejor es dejarlas durante la noche por lo que conviene poner suficiente líquido para conseguir un buen empapado del pan.
Al día siguiente se rebozan las torrijas en huevo y con el aceite de la sartén muy caliente se fríen vuelta y vuelta.
Al sacarlas se espolvorean con azúcar y ¡listas para comer!

lunes, 6 de abril de 2015

Espíritu aventurero

En Medicina, aún dentro de la propia especialidad, es imposible saberlo todo. Quizá haya por ahí algún superdotado que controle hasta el último síndrome, aunque también es probable que el pobre se haya vuelto loco durante el proceso. Mi caso es más triste, no hay garantías sobre mi cordura pero sí sobre mi ignorancia.

La enfermedad te sorprende. Al comenzar la residencia las sorpresas se suceden una tras otra, es una experiencia emocionante y agotadora. Con el paso del tiempo las sorpresas se vuelven más esporádicas, son aún más interesantes que al principio, pero también más temibles. Algo nunca visto, al menos durante 20 años, no augura nada bueno. Es probable que en la literatura haya descrito un cuadro similar que oriente sobre lo qué hacer, aunque eso no siempre es práctico, sobre todo si es una decisión que urge. Tampoco al paciente le consuela saber que se trata de un caso raro, o incluso único. En esos momentos no desea sentirse especial.

Cuando uno empieza Medicina nunca piensa que uno de los requisitos de un médico sea el espíritu aventurero. Sin embargo enseguida se comprueba que es una cualidad indispensable, es imposible sobrevivir en un hospital sin coraje para enfrentarse a los retos. Más de uno ha terminado llorando en su primera guardia, y la verdad es que con motivo: miedo, trabajo a destajo, falta de tiempo, presión, dudas y sueño son una mala combinación. La ignorancia te hace atrevido pero esa osadía es necesaria durante la residencia. Quizá antes de empezar la carrera sería interesante leer un libro del estilo de Peste y Cólera, en el que cuentan la vida de Alexander Yersin, el descubridor de la Yersinia pestis, la bacteria causante de la temible peste bubónica que en el S XIV acabó con más de la mitad de la población de Europa. Yersin  viajó a Asia en plena pandemia de la enfermedad y se dedicó a la investigación de esa y otras enfermedades infecciosas. Estoy convencida de que si hubiese nacido un par de siglos antes, habría optado por la piratería al servicio de SM la reina (aunque quizá en esa profesión solo aceptasen ingleses, pero me extrañaría que discriminasen a nadie). Cierto que uno ya no precisa embarcarse y cruzar el mundo para estudiar las epidemias in situ y descubrir su origen. Aún así el huesped de la enfermedad es el paciente y de eso no es posible escapar. Quizá el caso más extremo y reciente sea el Ébola, pero el hospital es un lugar insalubre que está siempre lleno de bichos de todo tipo y todos contagiosos, y generalmente multirresistentes a los antibióticos. Sin embargo no todos los enemigos de la profesión son infecciosos, y no me refiero al carácter particular de algunos enfermos, familiares o de los mismos profesionales.

Es importante asumir que el médico, antes o después, va a perder la batalla. A fin de cuentas la vida es una enfermedad terminal y eso no tiene arreglo. Eso sí, ningún galeno está dispuesto a rendirse sin luchar, aunque a veces eso suponga cortar a un paciente a pedacitos, es cuestión de que se deje y la mayoría no suelen oponerse. No soy gore, sencillamente en Medicina conviene olvidarse de los remilgos, muchos enfermos no sienten reparos por mostrar los mocos en un bote, o en el pañuelo, ni en describir las heces y el pis. Al menos ya no se precisa probar los fluidos para diagnosticar una diabetes, que precisamente recibe el nombre de diabetes mellitus porque la orina se vuelve dulce por el azúcar que contiene. Cada día uno se encuentra con todo un despliegue de delicias, de los que mejor ahorrarse los detalles. Al menos a los galenos ya no se nos quema en la hoguera del Santo Oficio por herejes y por brujas. No quiero pensar en la reacción de Torquemada si leyese este blog.

domingo, 5 de abril de 2015

Narcisismo

Al citar a otros, nos citamos nosotros mismos. Julio Cortázar

¿Es escribir un blog una muestra de narcisismo? Al principio esta idea ni se te pasa por la cabeza aunque, luego, con el paso del tiempo, te das cuenta de que no es tan descabellada. En un blog personal, el protagonista es uno mismo y el mundo se cuenta desde su perspectiva, es puro egocentrismo. En realidad esto mismo es lo que le sucede a casi todo el mundo con la percepción de su vida, pero no todo el mundo siente la necesidad de contarla. A veces me planteo si esa misma necesidad se autoalimenta e impulsa al blogero a revelar cosas que, en otras circunstancias, jamás habría confesado.

Hay muchas maneras de contar las cosas, ¿por qué mediante un blog? No es un diario en el que se guardan opiniones, desahogos y reflexiones de forma privada. Tampoco es una carta para mantener el contacto y en la que se espera una respuesta equivalente y, si ese fuera el caso, más vale desengañarse porque serán pocos los lectores que se animarán a comentar. Un blog personal es una sucesión de capítulos de lo mejor de uno: vivencias, reflexiones, ideas, aunque eso no significa que siempre haya aplausos, incluso se dan casos en los que los lectores se reparten en bandos enfrentados, sobre todo cuando, tras un desahogo, alguien se siente mencionado y ofendido. Es curioso que, en el momento álgido, esos sean los post más leídos y comentados. 

Un blog provoca adicción, crea cierta dependencia y también genera orgullo. ¿Es narcisismo? A fin de cuentas es algo propio. En ocasiones, al echar la vista atrás, me sorprendo y me pregunto si de verdad he escrito eso, ahí está la evidencia pero ¿cómo lo hice? ¿qué impulso me arrastró a ello? ¿Seré capaz de repetir la hazaña? Esa es la otra cara de la moneda. Supongo que para mantener el equilibrio también deben existir los posts en los que predominan el miedo y la inseguridad.

sábado, 28 de marzo de 2015

Bye, bye facebook

No estoy hecha para las redes sociales. No recuerdo ahora mismo por qué me apunté a facebook en su momento, sé que no fue por formar parte de una comunidad sino porque era un requisito de una página que me interesaba por algo, un algo que he olvidado. Al inscribirme tomé mis precauciones: no deseaba que la red quedara vinculada al resto de mis actividades y me creé una nueva cuenta de email exclusivamente para esa función. Al día siguiente, después de mirar el correo, entré en la pestaña de configuración y corté de raíz el aluvión de mensajes en la bandeja de entrada. Si en la página se publicaba todo, ¿por qué notificarlo por duplicado?

Facebook está organizado como un círculo vicioso. Empiezas con una suscripción y acabas con un centenar de publicaciones, a diario, de propios y extraños. Algunas te gustan y te apuntas. Poco a poco aquello se convierte en una revista de eventos y fotos familiares, noticias, arte, curiosidades, autoayuda, cocina, literatura, entretenimiento y tonterías de desconexión varias. Como cualquier revista, también cuenta con publicidad, y no hay manera de ahorrársela, la cancelación de un anuncio va seguida de la aparición, inmediata, de otra sugerencia. Harta del bombardeo, una se plantea eliminar su cuenta y enseguida descubre que no existe posibilidad de arrepentimiento, la página no indica ninguna salida. 

Al principio una se resigna a la idea de continuar atrapada en las redes del castillo de irás y no volverás. Se intenta disminuir la frecuencia de las visitas, pero entra en juego el sentimiento de culpabilidad. ¿Y si los demás creen que lees sus puestas al día? ¿Qué pensarán de ti al ver que no respondes? No deseas pasar por maleducada y sigues metida en la rueda, aunque evitas darle vueltas en la cabeza. 

Sin embargo, un día revisas la página y te das cuenta de que no merece la pena perder tu precioso tiempo de esa manera, hay muchas cosas en el mundo en las que ocuparlo y para leer ya están los libros. Ese día tomas las decisión de borrarte a toda costa. Buscas y rebuscas, es probable que en otras ocasiones no te hayas esmerado lo suficiente. No hallas pistas. Convencida de que no eres la única en esa situación, sabes que hay más grumpies en el mundo, recurres a google. Al fin encuentras el enlace que te abre la puerta. Llegas al umbral y descubres que ahí no termina la odisea. Para escapar se requiere cumplir una cuarentena de dos semanas y, sólo entonces, es posible franquear la salida. Durante esas dos semanas debes resistirte a las llamadas que te harían regresar al redil: ¿estás segura? ¿tu solicitud no es un error?, entra en tu cuenta para anular tu petición. El plazo termina hoy.