viernes, 31 de julio de 2015

Extraordinario

Las personas buenas no son aquellas que carecen de defectos, los valientes no son los desconocen el miedo ni los generosos los que nunca se sienten egoístas. La gente extraordinaria no es extraordinaria porque sea invulnerable a sus inclinaciones inconscientes. Son extraordinarios porque deciden hacer algo al respecto. Shanktar Vedantam.

Good people are not those who lack flaws, the brave are not those who feel no fear, and the generous are not those who never feel selfish. Extraordinary people are not extraordinary because they are invulnerable to unconscious biases. They are extraordinary because they choose to do something about it. Shankar Vedantam.

¿No os parece magnífica esta definición de extraordinario? Supongo que me gusta porque ofrece esperanzas. No es cuestión de compararse con nadie más que consigo mismo, con cómo se era y cómo se es. No es un proyecto indeterminado de futuro sino un presente evolutivo. Es posible que nos parezca que algunos lo tienen más sencillo, que parten de una posición más adelantada. No consideramos que nunca hemos estado en su pellejo y que por tanto ignoramos qué fantasmas les acompañan. De hecho ni siquiera conocemos a nuestros propios fantasmas, nos hemos pasado la vida ocultándolos y evitándolos. Los mantenemos encerrados a cal y canto en algún lugar lejano, suele ser en un pasado que no queremos recordar. Nos escondemos de ellos cuando, sin querer, los liberamos de su prisión. ¡Cómo si fuese posible huir! No nos atrevemos a mirarlos de frente. Quizá alguien opine que resultan ridículos, pero eso no nos tranquiliza lo más mínimo. El ridículo es, precisamente, uno de nuestros miedos. Tememos que los demás se rían de nosotros por su culpa, en realidad nuestra culpa. Lo que a uno le parecen tonterías, no lo son tanto para otro.

Me gusta la idea de que alguien extraordinario no es un ser superior sino alguien que supera sus limitaciones. No se trata de mirar alrededor para saber qué hace el resto, sino de aprender de nuestros defectos, vernos a nosotros mismos y dar un paso adelante cada vez, aunque el suelo no sea muy firme y se tropiece varias veces antes de ascender el siguiente escalón. Al caer lo único que se rompe es el orgullo y suele haber de sobra para reparar el daño. Nadie dice que el camino sea fácil, casi nada lo es cuando de verdad merece la pena. Extraordinario no es necesariamente perfecto sino esforzarse, en serio y con tesón, por ser mejor.

lunes, 27 de julio de 2015

Espacios de silencio

Hay tonadas que enhebran los silencios. Mario Benedetti. 

El ruido invade todo, aturde a sus víctimas, se mete en su cabeza y satura todos los huecos. No deja ni un resquicio para que se expandan las ideas. El ruido se agolpa y relega los pensamientos a lo más hondo de la mente, los oprime hasta sepultarlos en la confusión del caos, en la maraña de un laberinto sin salida.

Me gusta el silencio. Me gusta la sensación de espacio que genera. En medio del silencio los márgenes se borran, se extienden más allá de las paredes de la habitación o de los límites del horizonte. El silencio se difumina en los confines, se funde en ellos para expandirlos, los dilata para llevarlos más allá, y un poco más, y más, hasta que al final se desvanecen y todo acaba convertido en espacio.

El silencio no es la nada, no es el desamparo del vacío sino la órbita infinita en la que se encuentra todo. Es el origen, la conjunción de los tiempos, la dimensión en la que coexisten eternidad y vida. En el silencio el mundo permanece latente. Igual que en un sueño, la mente se adapta al flujo lento de la quietud, solo el aire oscila con la cadencia de su respiración y el espacio abierto permanece en calma, como un océano inmenso sin nada que lo altere.

lunes, 20 de julio de 2015

A brochazos (2ª parte)


Nos habíamos quedado en la pregunta de qué pincel usar. Más me vale aclarar ahora que no soy ninguna experta en el arte del maquillaje, simplemente se me ocurrió escribir esta entrada porque maquillarme me distrae, me relaja y me divierte. Me gusta experimentar, no siempre con fortuna. Las brochas, con su cosquilleo y su agradable masaje, contribuyen al placer. No me importa tener que hacerlo por la mañana, no me da pereza, lo considero como unos minutos para mimarme y regodearme en el narcisismo. La verdad es que pintarme no es un capricho, es una necesidad, no podría pasar consulta con mi cara de fantasma recién levantado o los pacientes se asustarían, y ya vienen con bastante miedo en el cuerpo.

La primera regla de oro es que los pinceles sintéticos son para los cosméticos en crema: bases, maquillajes, correctores, etc, y los pinceles de pelo natural se reservan para los productos en polvo. Las marcas de lujo tienen pinceles propios, aunque a precio de marca. En las tiendas de productos de peluquería se encuentran brochas buenas y económicas, e incluso se pueden comprar lotes por amazon. Los sintéticos son baratos, yo uso unos de Better que compré en el Alcampo y estoy encantada con ellos. De pelo tengo de L'Oreal, que salen bastante bien de calidad y precio.

La segunda regla es que los pinceles más pequeños, más apretados o más cortos consiguen mayor definición. Los de mayor tamaño y menos compactos aplican el producto de un modo muy difuso por lo que suelen reservarse para el final: barrer, matizar y polvos sueltos. Personalmente para estos últimos mi preferida es una brocha plana con aspecto de abanico que distribuye los polvos en una capa finísima. Presenta la ventaja de ser más precisa y permitir retoques concretos. Además barre el exceso de maravilla.

A la hora de las correcciones, especialmente en los párpados, va bien contar con unos bastoncillos (y aprovecho para decir que JAMÁS han de usarse en los oídos). Se moja el algodón con una gota de agua micelar desmaquillante y basta con apoyarlo para borrar con precisión, sin necesidad de extender ni presionar, lo que no nos guste. El agua micelar también se emplea para limpiar los pinceles, solo hay que poner un poco en el cuenco de la mano y mojar la punta del pelo, sin llegar a la zona de inserción para que no se pudra. Luego se deja secar. ¿Otro truco? A la hora de trazar líneas bien rectas y definidas nada como guiarse con una tarjeta de visita. Se coloca como si se tratara de una regla y, ya sea con el pincel o con un lápiz, se traza la línea que se desea. Es un truco estupendo para afinar el dorso de la nariz (con el corrector marrón en dos líneas paralelas a lo largo de la longitud del mismo, respetando el centro, en el que se puede aplicar un corrector claro), dibujar el rabillo del ojo, ya sea con sombras o con lápiz, y lograr que quede simétrico en ambos ojos, trazar el arco de las cejas, o marcar la hendidura del pómulo. Por supuesto luego hay que difuminarlo, pero para eso sirven las brochas, que es de lo que estamos hablando.

El maquillaje se puede aplicar directamente con el pincel, usando la zona de pulgar como paleta, o con las manos, como una hidratante o la BB cream. En ese caso me gusta poner un poco en la palma y calentarlo con la otra para luego presionar ambas manos sobre el rostro: mejillas, frente, barbilla, mandíbula y cuello. El calor ayuda a que se funda mejor con la piel. También puede ponerse como la Nivea de las abuelas, con la punta de los dedos se dibujan unos puntos en medio de frente, nariz, mejillas y mandíbula para después extenderlo con un pequeño masaje, ascendente y hacia los lados. Los masajes siempre deben oponerse a la gravedad que, a fin de cuentas, es la fuerza que siempre actúa y hace que, con los años, se descuelgue todo. Antes o después, o antes y después si es preciso, se aplicaría el corrector. Si escoger un maquillaje es complicado, atinar con los correctores es digno de una nominación al Nobel. No solo se trata de unificar sino también de corregir, realzar, iluminar y marcar. Cada acción requiere un tono distinto, más oscuro cuando lo que se pretende es profundizar y más claro para iluminar. En su momento escribí una entrada al respecto aunque desde entonces he descubierto un par de correctores dignos de mención, los de la marca 24 horas, de venta en Sephora, con una cobertura excelente, y el Martiderm DSP, un stick de farmacia especial para aclarar manchas que además tiene protección solar 50+. Supongo que este último me gusta porque además coincide que es mi tono de piel y si lo distribuyo bien no necesito ni maquillaje, me basta con extenderlo con mi brocha mágica. Para fundir base y corrector me gusta mi pincel sintético de Better, compacto y de tamaño medio. Esa misma marca cuenta con un pincel más pequeño, no demasiado, para aplicar el corrector, que también funciona a las mil maravillas. Los pinceles diminutos son para correcciones muy puntuales, como pequeñas espinillas.

Para los coloretes en crema me gusta la brocha de Better que ya he mencionado mientras que en el caso de los coloretes en polvo me decanto por una biselada de L'Oreal que además sirve para definir contornos y que en verano es estupenda para dar un toque de sol con polvos compactos bronceadores en frente, pómulos, cuello y debajo de la mandíbula (un truco que además encuadra el rostro y que mejora la fotogenia). Con los polvos oscuros conviene no olvidarse de añadir un toque de luz, con un corrector o con polvos iluminadores, claros y con algo de brillo, para no apagar el rostro. Se aplican en las sienes, en el canto interno de los ojos, bajo el arco de las cejas y también en el entrecejo. Me gusta hacerlo con el dedo y luego difuminar con una brocha.

Los polvos sueltos son para fijar y se usan después de todos los productos en crema. La excepción es cuando se necesita un extra de corrector en alguna zona. En ese caso conviene fijar lo que ya está puesto antes de aplicar el corrector de nuevo y, finalmente, añadir un extra de polvos. Para esta maniobra la precisión de la brocha de mariposa es impagable.

Para que los labios duren más también es buena idea presionar con el dedo la primera capa de pintalabios. Luego se perfilan y se rellenan con el mismo lápiz perfilador. Si se pretende corregirlos es buena idea cubrirlos de maquillaje antes de empezar a hacer nada, de ese modo se igualarán con el resto del rostro y se notarán menos las correcciones. Siempre conviene subir un poco el arco del labio superior, con ese truco se acorta el espacio nasolabial y se recortan años. Ese es uno de los problemas que tienen las infiltraciones, el labio pesa más y los tejidos no soportan bien ese aumento de peso por lo que el arco cae y la distancia nasolabial se alarga. Por desgracia esa distancia aumentada se traduce en años, justo el efecto contrario del que se pretende. Tras el lápiz se aplica el pintalabios con pincel y se muerde un pañuelo de papel para retirar el exceso. Una capa de polvos muy finos  ayuda a fijarlos y a darles volumen antes de aplicar una nueva capa. Marilyn se aplicaba nada menos que cinco capas de pintalabios, entre las que alternaba una capa de polvos blancos luminosos (similares a una sombra de ojos), que además de fijación les proporcionaba volumen, y para hacerlos más jugosos terminaba con una capa de brillo con una combinación de ingredientes tan exclusiva y secreta que su fórmula aún no ha salido a la luz. Es posible que la guarden en el Pentágono, mezclados con los archivos del presidente Kennedy.

domingo, 19 de julio de 2015

A brochazos: introducción

Silly things do cease to be silly if they are done by sensible people in an impudent way. Jane Austen

En cuestiones de maquillaje el método ensayo y error suele ser el más aplicado para aprender. Por supuesto eso se traduce en fracasos estrepitosos en los primeros intentos. Esa época de pruebas generalmente coincide con la pubertad. Supongo que la edad es una cuestión antropológica, en las tribus indígenas las pinturas son un símbolo más para señalar el paso a la vida adulta. Poco importa que dentro de la civilización no sea el mejor momento. No se sale a cazar leones sino a algún miembro del sexo opuesto. Lástima que los payasos solo atraigan a los chiquillos. Por desgracia en la adolescencia aún se carece de madurez suficiente como para aceptar el fracaso, se hace un mundo de la mayor tontería, y eso a pesar del gran consuelo que suponen los comentarios caritativos del entorno, todo un apoyo.

Desde un punto de vista educativo, hay aspectos en los que esa primera fase se asemeja a las incursiones artísticas de los años de guardería, en concreto la pintura de dedos: una técnica abstracta en la que los contornos se relegan a un segundo plano, o directamente se olvidan, porque lo importante es el color, y cuanto más mejor. La mayor diferencia radica en la actitud con la que los demás contemplan y exhiben esas obras de arte infantiles.

Otro problema añadido es la carencia de medios económicos. Sin más euros que los de la paga resulta casi imposible hacerse con cosméticos propios. No queda más remedio que conformarse con lo que haya por ahí, ya provenga del neceser de mamá o sea un préstamo de amigas más pudientes y adelantadas en la materia. El tono base de la piel no se tiene en cuenta, eso corresponde a un curso avanzado, y de hecho desaparecerá, al igual que los rasgos, bajo capas y capas de maquillaje, sombras estilo mapache, coloretes superpuestos en varios tonos, delineadores y polvos a modo de escayola. El cuello se olvida, no forma parte del rostro. El resultado final es una máscara digna del carnaval de Venecia.

Con el tiempo y la práctica, la técnica mejora. Es cuestión de entrenamiento, lo mismo le sucede al niño, según progresa aprende a usar los lápices para trazar figuras y a colorear sin salirse de los bordes. Se consigue colorido propio, adaptado al tono y tipo de piel. Lograr dar con la base más adecuada es toda una ciencia, la piel del rostro con frecuencia no es homogénea y se trata de conseguir que lo parezca. Hay que preparar el lienzo antes de iniciar el cuadro. A la hora de decantarse por un tono hay que tomar como referencia el de todo el cuerpo, especialmente el del torso. La zona de unión entre cuello y mandíbula, un poco por delante del lóbulo de la oreja, suele ser un buen lugar para probar como nos sienta un determinado maquillaje. El propósito es unificar ambos, de ese modo nos aseguramos un resultado lo más natural posible, sin líneas, ni máscaras.

Con el paso de los años el arsenal de pinturas y utensilios de aseo de una mujer poco tiene que envidiar al de Picasso. ¿Cómo usarlo todo sin terminar igual que un cuadro cubista? La respuesta es el fundido. La ayuda viene en forma de brocha... pero por desgracia hay todo un surtido de tamaños, materiales y formas. Una vez tenemos el lienzo y la paleta, con toda la gama de colores y sus mezclas, nos encontramos con un terrible dilema: ¿con qué pincel empezar?

(Continuará en la próxima entrada, la he dividido porque quedaba demasiado larga)

viernes, 17 de julio de 2015

Pequeña filosofía de vida

There are two ways of spreading light: to be the candle or the mirror that receives it. Edith Wharton

Una de las grandes frases de House es que "la vida no es lo que te pasa sino como te lo tomas." Es una sentencia llena de razón que revela una gran sabiduría.

La experiencia demuestra que no todo sale como uno quiere, de hecho la mayoría de los planes tienen tendencia a torcerse por una vía distinta a la original y conviene corregir su trayectoria, o adaptarse a ella. Se necesita aprender a ver los diferentes aspectos de las cosas porque, si no se hace así, lo único que se consigue es vivir engañado y ser desgraciado. No es cuestión de tomarse los disgustos a la tremenda sino de ponerlos en perspectiva y darles el valor que les corresponde. Hay que aprender a escoger las batallas, desgastarse en tonterías es agotador y las fuerzas se necesitan a la hora de pelear por lo importante. No sirve aferrarse a alguien para que luche por ti o amortigüe los golpes. Hay que saber mantenerse de pie por sí solo.

Madurar conlleva soltar lazos para avanzar por una senda propia. Aunque se viva en una sociedad, en la que es recomendable integrarse por cuestiones de salud mental, también hay que convertirse en un ente independiente. Conseguirlo supone tomar las riendas de la propia vida, asumir responsabilidades, pensar por uno mismo, tomar decisiones y esforzarse por llevarlas a cabo. Se hacen las cosas porque se debe o porque se está convencido de ellas, sin buscar palmaditas en el hombro ni felicitaciones. El reconocimiento es raro y esquivo y buscarlo suele ser sinónimo de frustración. Reconocer los méritos de otro, además de un detalle, es un rasgo de madurez.

jueves, 16 de julio de 2015

El mar de Octavio Paz


El mar, el mar y tú, plural espejo, 
el mar de torso perezoso y lento 
nadando por el mar, del mar sediento: 
el mar que muere y nace en un reflejo.

El mar y tú, su mar, el mar espejo: 
roca que escala el mar con paso lento, 
pilar de sal que abate el mar sediento, 
sed y vaivén y apenas un reflejo.

De la suma de instantes en que creces, 
del círculo de imágenes del año, 
retengo un mes de espumas y de peces,
y bajo cielos líquidos de estaño 
tu cuerpo que en la luz abre bahías 
al oscuro oleaje de los días.

Octavio Paz

Para celebrar el día del Carmen, la patrona del mar y de la mitad de la familia. 

sábado, 11 de julio de 2015

Éxitos y fracaso

The world is so strange that maybe it’s perfectly logical. Beth Lisick

En Medicina se pasa de la euforia a la frustración en el breve tiempo que dura la visita de un par de enfermos, el primero un éxito y el segundo un amargo fracaso, y ello a pesar de todo el esfuerzo y las buenas intenciones. A veces no se entiende el porqué y cuando eso sucede una se siente inútil e ignorante. Es inexplicable que un tratamiento, que le ha va bien a un grupo de enfermos con una determinada patología, no funcione en otros con síntomas similares y con los que comparten diagnóstico. En cirugía también hay casos igual de peliagudos. Es una cuestión de pundonor el esmerarse en hacer las cosas bien. Sin embargo, por mucho que se conozca la técnica y por mucha práctica que se tenga, a veces el asunto se complica y se sufre lo indecible. De todos modos no conviene olvidar una gran máxima quirúrgica: lo mejor es enemigo de lo bueno. Es cierto, un retoque final para perfeccionar un detalle suele derivar en la aparición de una complicación, generalmente en forma de sangrado. No se trata de dejar una chapuza pero cuando se llega al punto en el que todo está bien, como debe ser, hay que darlo por terminado, sin tocar más. A pesar de que salvar un escollo es una satisfacción siempre queda en el fondo un pequeño resquemor, el de que la operación no ha sido todo lo limpia y elegante que sería deseable, por eso, a pesar de la superación del reto, todo deja mejor sabor cuando sale bien de entrada y además permanece así.

Los pacientes descontentos resultan agotadores y son mucho más difíciles de tratar. Algunos pierden fe en tus capacidades y recuperar su confianza no siempre es posible. Hay quienes se vuelven exigentes y demandan una solución, ¡cómo si fuese tan sencillo! Otros te someten a un verdadero examen en la consulta, incluso sin conocerte, desde la primera vez, y no lo hacen en un tono interesado, en busca de información, sino de una manera agresiva con la que parece que deseasen pillarte en un renuncio. Muchas veces no es el enfermo sino el familiar el que enrarece el ambiente. ¿No se da cuenta de que la tensión que generan no beneficia en nada a su acompañante? Supongo que no, que son individuos agresivos con un complejo de superioridad bien arraigado y habituados a comportarse así. El problema es que establecer una relación con el paciente se vuelve harto difícil. Hay situaciones en las que hay que aguantarse la crispación y las ganas de replicar, es más práctico callarse, aunque a nadie se le pase por alto que estás apretando los dientes para no saltarle a nadie a la yugular. Si les pides pruebas y revisión es por necesidad, porque en realidad lo que deseas es no volverles a ver jamás. Son vampiros de energía, que te dejan hecha un trapo, y ese es un estado deplorable para lidiar con el siguiente enfermo. Sin embargo en la consulta hay que seguir, no se permiten respiros, solo suspiros (sin testigos) y, si acaso, un par de respiraciones.

Cuando las cosas no funcionan hay que aprender a sobrellevar el fracaso sin rendirse, algo que por desgracia solo se consigue a base de experiencia. Nunca hay que tirar la toalla sino pensar que hay una solución mejor y romperse la cabeza con la esperanza de, en algún momento, hallar el remedio. A veces el único alivio que se puede ofrecer es escuchar al paciente, sin más, que sienta que cuenta con tu apoyo aunque eso no vaya a curarle. Sin embargo esta táctica sólo es factible con los enfermos que aún confían en ti y cuyo ambiente no se ha visto enrarecido por el escepticismo y la influencia de algún ser tan inaguantable como infalible.

Ilustraciones de Don Shank.