jueves, 24 de abril de 2014

La novela ideal

La novela ideal es esa que se ha escrito a sí misma. Ha abierto una puerta para permitirle al escritor asomarse a ese mundo y compartir la historia con los personajes. El autor no añade nada, sólo es el testigo invitado, el instrumento encargado de transcribir los hechos al papel. Sobre él recae una tarea de gran responsabilidad. Es invisible, no puede interferir o cambiaría el curso de los acontecimientos y rompería la confianza que en él se ha depositado.

El escritor ha de encontrar el lenguaje que pertenece a ese mundo. Las palabras han de fundirse en su atmósfera para transformarse en el escenario en el que se desarrolla la acción. Deben ser precisas y ajustarse al carácter de cada personaje, sin desentonar o romperían la armonía de la trama. De ellas depende la unión entre los dos mundos, son la llave que, desde la primera frase, arrastra al lector al interior libro y le conduce por los vericuetos de su historia. Cada letra conforma algo vivo, una emoción, un lugar, una idea. Recorrer las páginas es viajar.  

miércoles, 23 de abril de 2014

Leer y soñar

Un libro es un mundo diferente. Al empezar a leerlo las páginas desaparecen, se dejan de ver las letras y en su lugar, por arte de magia, surgen las escenas. La historia te arranca entonces del sillón, tu cuerpo sigue ahí recostado pero es sólo el cascarón, el resto se ha marchado. Los sonidos de la supuesta realidad se convierten en ajenos, para oírlos es necesario regresar, a veces desde muy, muy lejos, incluso desde otro tiempo.

Un libro es más que un sueño, es un compendio de sueños. Contiene el delirio febril de un escritor, un hombre que se ha olvidado de serlo durante el proceso para vivir otro sueño, el de los personajes. Las palabras laten, trasfunden la vida donada por los héroes del relato a su narrador. Cada gota de tinta recorrerá sus venas para llegar al lector.

Al leer un libro lo que de verdad sucede es que se destapan las compuertas que guardaban ese sueño. La ilusión encerrada se libera. Se viaja a lugares hasta entonces inimaginables, se revelan secretos, se descubren leyendas, se conocen seres fantásticos, se comparten aventuras y se engendran nuevos sueños. De los sueños nacen libros y de los libros más sueños.

martes, 22 de abril de 2014

Mi mundo de cuentos

En mi mundo de cuentos todo es posible. La imaginación no tiene más límites que los que uno mismo se impone, no se rige por las leyes del tiempo, ni de la física. Es una dimensión diferente que se traslada a la de la realidad. Las cosas más extrañas tienen su lógica, en ocasiones incluso más de la habitual. La dificultad reside en explicársela con claridad a otros, ser capaz de compartir esa visión.

Los personajes, con su entorno y sus diversos cacharros, están ahí, aparecen, con frecuencia de repente y de forma inesperada. Son ellos los que deciden darse a conocer. En un primer momento te choca encontrártelos y te preguntas de dónde han salido. ¿Quién da el salto entre un mundo y otro? ¿Ellos o yo? Concluyes que no importa el origen. Mi impresión es que deja de haber una frontera entre ambos y se puede pasar desde ambos lados. Escribir acompañada por tus propios personajes es una sensación incomparable, única, una emoción con un componente de nostalgia que provoca un nudo en la garganta. Es un instante frágil en el que el aire tiene un brillo diferente y también otra textura, al respirarlo te embarga un sentimiento de euforia que rezuma por los poros y provoca un cosquilleo que se extiende por la piel. Los ojos se abren más, los labios sonríen sin poder evitarlo y todo en el interior se estremece y baila. Hay momentos y lugares en los que la apertura es más amplia: un rincón hermoso que posee un cierto embrujo, las primeras horas de la mañana cuando todo lo real duerme o un concierto en el que el hechizo de la música hace caer las barreras, une espacios y arrastra tanto a unos como a otros.

Una vez están ahí no se comportarán de una forma predecible. Sorprenden no sólo con sus visitas, sino también con sus ocurrencias. Cuando toman las riendas hay que dejarles hacer y que conduzcan la historia, a fin de cuentas se trata de su historia, han venido con ella. No importa que de entrada la idea parezca un disparate. Siempre se disfrutará, será emocionante, a veces romántico, con frecuencia divertido y, en ocasiones, incluso brillante. Son pequeñas travesuras que transforman la trama en algo diferente. La narración pasa a a ser algo vivo que no le pertenece al autor sino a los personajes. El escritor sólo está ahí para preguntarles ¿qué queréis hacer ahora? ¿cómo vais a salir de esta? y escuchar sus respuestas. Si precisa intervenir debe obtener permiso para trocarse, por un momento, en uno de ellos, pero sin abusar de ese privilegio, sin quedarse más de lo necesario y, por supuesto, sin interferir. Son seres reales de ensueño, con su carácter y sus opiniones.

viernes, 18 de abril de 2014

Soneto Sacro X de John Donne

Este soneto es el comentario que dejó Javier Comas en la entrada de ayer y difícilmente podría encontrar algo más bonito y adecuado para el Viernes Santo. 


Soneto Sacro X

Muerte, no te envanezcas aunque te hayan llamado
poderosa y terrible; pues tú no eres así,
ya que aquellos que crees por tu fuerza abatidos,
no mueren, pobre muerte, ni a mí puedes matarme.

Del descanso y el sueño, que son imagen tuya,
fluye mucho placer; entonces mucho más de ti 
ha de venir, y muy pronto nuestros hombres mejores 
van contigo, descanso de sus huesos, libertad de sus almas.

Esclava eres del destino, del azar, de reyes y desesperados,
moras con el veneno, con la guerra y los males,
también puede la amapola y la magia dormirnos,

y mejor que tu golpe; ¿y por qué te envaneces?
Pasado un breve sueño despertamos eternos,
y ya no habrá más muerte, tú morirás, oh muerte”. 
John Donne. (1572-1631)

Donne, John: Soneto Sacro nº X en “Poesía completa (tomo II)” 
(trad. E. Caracciolo Trejo). Ediciones 29, Barcelona, 2001

jueves, 17 de abril de 2014

Ley de vida

Existo pero no soy nada. Mi presencia marca el final. Hay quien me considera una bendición y, en ese caso, soy paz y descanso. Lo habitual es que la mayoría me tome por una maldición en la que soy la pérdida, la despedida definitiva, el miedo a lo desconocido. No obstante soy siempre la misma. Incluso cuando supongo un alivio, me recibe la tristeza. Sólo conozco las lágrimas, la nostalgia, la melancolía. No sé qué es la felicidad, la risa, ni la alegría. Sí el dolor y la locura. No sé qué es la vida, nunca me cruzo con ella, se escapa cuando aparezco, no se nos permite coincidir, a mi llegada sólo quedan vestigios de lo que fue.

Me culpan y no es culpa mía. Me temen a pesar de esperarme desde el principio. Pretenden alejarme a pesar de ser conscientes de no poder huir del destino. Me rinden culto, me construyen templos, me veneran... pero no me desean. Desde el origen formo parte de la naturaleza: todo acaba, todo lo que es, algún día no será más: la vida es un proceso terminal.