martes, 21 de mayo de 2013

El secreto tras la dieta

Disfrutar de la comida es uno de los placeres de la vida que no se limita sólo al alimento en sí, sino también a la compañía con la que se comparta y a la tertulia del momento. Controlar lo que se come es difícil, requiere una gran fuerza de voluntad de la que no todo el mundo dispone, y menos aún cuando los de alrededor se ponen hasta las botas y hay que limitarse a mirar. Nuestro instinto nos dicta que hagamos acopio de todo aquello que supone una gran fuente de energía para almacenarla y reservarla en momentos de necesidad. Claro que en la vida actual, afortunadamente, momentos de necesidad hay pocos.

Una dieta ideal debe ser equilibrada y para adelgazar se deben ingerir menos calorías de las que se gastan. Esto implica pasar hambre por lo que cuesta mantenerla. Al principio los resultados son más llamativos y animan, pero luego se estancan y uno se pregunta si merece la pena sufrir. ¿A quién pretendemos engañar al cometer transgresiones cada vez con mayor frecuencia?

Sin embargo hay algunas estrategias que facilitan todo y ayudan a adelgazar sin la sensación de tener un agujero en el estómago. No son dietas perfectas y equilibradas, pero sí son más fáciles de cumplir y mantener, por lo que el sobrepeso se controla mejor y eso tiene sus ventajas.

A veces, el que una dieta no funcione, puede deberse simplemente a la manera de combinar los alimentos. Para perder peso hay que tener en cuenta una cosa: la hormona que se encarga de almacenar reservas, y por tanto de engordar, es la insulina. Si se evitan los picos de insulina, el peso se controla. Es en lo que se basan las últimas dietas, como la Dunkan que, en la primera fase, lleva esto al extremo y retira todos los hidratos de carbono. Los extremos nunca son buenos. Hay que tener cuidado o se pueden sobrecargar los riñones (este tipo de dieta ricas en proteínas nunca deben seguirse por aquellos que padezcan cualquier tipo de problema renal)

La insulina depende directamente de la glucosa en sangre: a más glucosa, más insulina. Así, los alimentos ricos en hidratos de carbono provocan una descarga de insulina, mientras que las proteínas no liberan esta hormona.

Hay hidratos de carbono de liberación lenta (los integrales y las legumbres, que deben guisarse sin grasa, con pescado, marisco o en ensalada), en los que la glucosa se libera de manera progresiva y producen menos descarga de insulina. También los hay de liberación rápida (harinas refinadas y azúcares) que liberan grandes cantidades de insulina de golpe. Son los más peligrosos, especialmente los pasteles: dulces con grasas que disparan la insulina y almacenan todas y cada una de sus calorías. No se puede terminar la comida con un postre dulce porque éste producirá un pico de insulina que hará que todo lo comido se almacene (aunque se trate de proteínas). Un yogur natural es un buen postre (no los de sabores) quark natural o queso fresco desnatado. Si algún día, ocasionalmente, a uno le apetece un helado (por supuesto no de postre) debe ser de estilo italiano (mediterráneo), no americano (Haagen-Dazs) con mucha más nata y azúcar. El chocolate debe ser negro y se puede tomar un trocito media hora antes de la comida porque contribuye a quitar la ansiedad de la hora de comer. En internet se encuentra fácilmente listas bastante orientativas con el índice glucémico de los diferentes alimentos.

Hay productos que ayudan a evitar disparos bruscos de insulina. Las algas, el cardo y los espárragos tienen muy pocas calorías y mucha fibra, además de cierto efecto diurético, por lo que además de bajar el índice glucémico de otras comidas ricas en hidratos, contribuyen a la sensación de saciedad. Los cítricos también contribuyen a bajar el índice glucémico (nunca deben tomarse en zumo sino enteros) y las ensaladas aliñadas con algo de vinagre (es el efecto del ácido el que tiene este efecto).

La manera de cocinar también influye. Así, la patata al horno es peor que cocida, y ésta debe evitarse caliente o en puré (tolerada en ensalada aunque con control). La pasta debe tomarse al dente. Las zanahorias sólo deben tomarse crudas porque, al cocerse, se convierten en una bomba de hidratos. Hay que procesar los alimentos lo mínimo imprescindible.

La fruta siempre entre horas, preferibles las de la familia de los cítricos. Nada de uvas, cerezas, ciruelas, ni plátano. Peras, manzanas y similares para más adelante y sólo una pieza al día. La piña no es conveniente, sí las fresas y el kiwi. Hay que tener cuidado con la sandía y el melón, si se toman debe hacerse entre horas y sólo por la mañana, nunca de postre porque aunque no tienen muchas calorías, sí que producen un disparo de insulina y eso favorece que se asimile más todo lo que se ha tomado.

Prohibida la remolacha, las alcachofas sólo ocasionalmente. Al mediodía se puede tomar tomate. Sin pegas: espárragos, cardo, lechuga y nopales.

Una opción de dieta fácil, y que funciona, es comer un día de todo y el siguiente basarlo en las proteínas. Se pueden tomar filetes, pescado, jamón (cuidado con el de York porque puede llevar fécula, así como el fiambre de pavo o pollo, del que sólo se debe tomar del natural), pero en todo el día, y muy especialmente por la tarde, no se deben tomar ni pan, ni cereales, ni frutas (ni siquiera los cítricos en este caso), tampoco verduras, frutos secos o legumbres.Por ej. de desayuno una tortilla (a la que se le puede poner algo de queso rallado para darle sabor y añadirle un poco de clara para que sea de mayor tamaño y llene más) con yogur natural (1 ó 2) y té. Se pueden tomar lácteos pero no leche.
Para la comida algo similar (pollo asado, frío está bueno y se puede desmigar y ponerlo en ensalada con lechuga con un aliño de yogur y un chorrito de aceite con algunas especias. Idem con pescado, cangrejo, sashimi). Para la cena otro tanto: pescado, carne o marisco y yogures. Es importante recordar que ese día no se puede tomar nada ni de vino, ni de cerveza, o se estropearía todo. 
Puede hacerse así lunes, miércoles y viernes para que el fin de semana no haya que estar pensando en la composición de las comidas. Para las cenas conviene tomar habitualmente sólo proteínas, nada de hidratos, ni fruta, ni pan, ni tampoco verdura (en todo caso lechuga, algas, nopales u otras hojas frescas, sin cocinar, y basta): carne magra de ternera, pollo, conejo, pescado (sobre todo blanco) cocinado de forma sencilla, sin rebozar y sin salsa, a la plancha, al horno o al vapor, pulpo, sepia, calamar y el marisco en general también puedes tomarlo de cena sin ningún problema.

Se deben tomar legumbres dos veces por semana, son ricas en fibra y proteínas vegetales. Se pueden cocinar sin apenas grasa, en ensalada o con pescado: las lentejas con calamares están buenísimas así como los garbanzos con marisco y, por supuesto, las fabes con almejas. Los frutos secos también tienen bastantes proteínas pero son tan calóricos que tienen un límite: seis nueces (o el equivalente) al día.

Según se pierda peso se puede pasar a alternar un día de proteínas por cada dos de comer de todo (con las cenas de proteínas), pero generalmente se precisa pasar un par de semanas con uno y uno. Para mantenerse, un día de proteínas a la semana sería suficiente (ese es el mantenimiento de la dieta Dunkan, aunque ellos hacen una fase de choque en la que las primeras semanas no hay días normales, algo que me parece excesivo). Las proteínas son muy saciantes y no se pasa hambre, Para picar entre horas una buena opción son los espárragos (el día de proteínas lo mejor es hacerse con un arsenal de yogures naturales).
La cantidad de proteína permitida no hay que medirla, si es un filete o medio pollo, está bien. También se pueden tomar caldos.

ALIÑOS
Limitar el aceite a 2 cucharadas al día (en algún caso tres).
El vinagre (no de Módena que lleva azúcar) y el zumo de lima o limón están permitidos para aliñar sin problemas. 
La mostaza se puede tomar, pero no el ketchup (ni por supuesto la mayonesa). Otras opciones admisibles: salsa Worcestershire, Perrins, soja, tabasco...

BEBIDAS
Mejor té e infusiones que café.
Nada de alcohol, ni vino, ni cerveza. 
¿Qué tomar en los bares? Lo ideal: agua. También tónica, bitter y, ocasionalmente, zumo de tomate.

TRUCOS
Una cena sin hidratos de carbono (entre los que se incluyen las verduras y las frutas, aunque se tolera la lechuga) ayuda a adelgazar: un poco de pollo, jamón ibérico (ocasionalmente y sin tocino), pescado, o sepia a la plancha con un yogur.

Cuando se está a dieta es buena idea utilizar platos de postre. El motivo es una mera cuestión de psicología, el plato parece más lleno con raciones de menor tamaño.

A todo esto hay que añadir caminar, como mínimo, media hora diaria.

El truco de la cena de proteínas basta para luego mantenerse sin problemas (aunque alguna vez haya que saltárselo por motivos sociales).
Os dejo los enlaces a las recomendaciones para cocinar con menos grasa y a la dieta de 1500 calorías

lunes, 20 de mayo de 2013

Rebeldía

Una de las protestas más habituales de hermanísima era su queja de que, a pesar de no ser la mayor, sí tener que ser la encargada de abrir camino. Le tocaba discutir por la prolongación de las horas de llegada a casa (ninguno de nuestros amigos tenía una hora que se aproximase tanto a la puesta del sol como la nuestra), los permisos para asistir a alguna fiesta, las salidas de Nochevieja o las subidas de la paga. Afortunadamente para mis padres yo era un muermo inadaptado y cambiar mi libro y mi cama por un local lleno de ruido con música ramplona a todo trapo, gente borracha y humo no me atraía. Mejor que pensase así porque con mi absoluta falta de paciencia si, además, hubiese sido rebelde, en mi adolescencia habría explotado como una bomba de relojería (con el reloj roto). Menos mal que la naturaleza es sabia y sabía que para la supervivencia de la humanidad era preciso que mi falta de aguante no se acompañase de un espíritu revolucionario. Eso no significa que fuese fácil convivir conmigo, ni tampoco que sea dócil y manejable. Soy obstinada, me irrito con celeridad y, de vez en cuando, me sublevaba en relación con algún berrinche. Las consecuencias solían ser tan desastrosas que aún me abochornan. Escarmentada y arrepentida, no me sentía inclinada a dejarme llevar por nuevos arrebatos durante una larga temporada.

No me gustan los enfrentamientos pero tampoco el engaño. No sé mentir, lo paso fatal si lo intento y se me nota. Mi arte en el disimulo aún está en pañales pero cuando me he visto en situaciones en las que mi sinceridad no ha servido más que para desencadenar tensión y crispación he optado por actuar según mi criterio, aunque fuese a la chita callando. Hay obligaciones ineludibles, respaldadas por un buen motivo, pero otras son arbitrarias y esas son las que, siempre tras abordar el tema para intentar llegar a un acuerdo y fracasar en el intento, eludía al tiempo que me las ingeniaba para que mi "antagonista" no se enterase de que mi escaqueo. El ejemplo más claro: la imposición paterna de ir a misa los domingos. Salía de casa a la hora señalada y me iba a mirar libros al VIPS. Con frecuencia se me iba el santo al cielo ¿me acercaría eso a la divinidad? Sinceramente no creo que mi progenitor lo entendiera así y si me descubría no me cabía duda de que me castigaría. Como estaba convencida de tener razón esa amenaza no me amilanaba. Eso sí, también tenía tan clara su postura al respecto que no era tan insensata como para quedarme en casa a defender la mía. Se podría considerar una forma de rebelión pasiva, terca pero también pacífica y efectiva.

Se supone que a nadie le gusta discutir, aunque ese es un punto debatible, ya que son muchos los que aprovechan cualquier tontería para hacerlo y de paso sacar viejos trapos sucios mientras se tiran los trastos a la cabeza. Ser testigo de desafíos no sólo me incomoda sino que me violenta, al igual que lo hace la cerrazón, el abuso de poder y la intolerancia.  La ira nunca es buena consejera y envenena todo lo que contamina. Es bueno aprender a escoger las batallas, hay casos perdidos desde el principio que conviene evitar cuando es posible hacerlo, y reservar esas energías. Eso sí, cuando se trata de luchar contra la injusticia, no queda más remedio que implicarse y arremeter con toda la flota. Hay quien sabe hacerlo con calma y sutilmente, con ¿diplomacia?

domingo, 19 de mayo de 2013

Un héroe real

Parece un cuento pero es una historia real. Jesús, el héroe protagonista, es un amigo de la familia. El narrador invitado es mi tío Pepe. Aquí os dejo su relato:

Os quiero contar una pequeña historia sobre mi amigo Jesús, también corredor. Ambos hemos llevado una trayectoria deportiva casi idéntica, debutamos juntos tanto en la Media como en la Maratón y él acaba de ingresar en la categoría de veteranos A. 

Jesús trabaja en un Banco. El pasado sábado, un compañero de trabajo, aficionado a la caza, salió a dar una batida con su escopeta y su fiel acompañante canino. El paseo les llevó por la zona minera de Linares, una vía verde rodeada de olivares, con un paisaje salpicado de altísimas chimeneas de ladrillo en ruinas donde correr se convierte en algo delicioso. Tuvo tan mala fortuna que su perro cayó en un pozo de los que abundan por ese paraje. Es difícil que este tipo de accidentes le ocurran a una persona ( los pozos están vallados) pero un pequeño animal sí puede acabar dentro de uno.

El lunes por la mañana el hombre llegó muy afectado al trabajo y le contó lo sucedido a Jesús. Daba al perro como perdido sin remedio y se lamentaba del final tan trágico que había tenido el pobre animal. Jesús, entre cuyas múltiples aficiones se cuenta la Espeleología, convenció a su amigo de que aún podía continuar con vida y de que, al menos, deberían intentar algo. Quedaron después de comer para ir al lugar de los hechos.

Una vez en el pozo, tras inspeccionar el terreno y confirmar que, efectivamente, se trataba de un respiradero de mina de algo más de treinta metros de profundidad, averiguaron lo más importante: el perro seguía con vida. La adrenalina se apoderó de Jesús que ya no pensó en otra cosa que no fuese en rescatar al pobre animal. Como es un hombre responsable no se lanzó sin pensar sino que estudió la situación y le pidió ayuda a su compañero espeleólogo “Pope”. Se equiparon lo mejor que pudieron antes de ponerse manos a la obra. Con la ayuda de un todoterreno, al que acoplaron la cuerda, Jesús descendió hasta donde se encontraba el perro, lo acarició mientras revisaba su estado, que no era muy grave, y lo colocó en una bolsa para izarlo hasta la superficie. No os podéis imaginar la alegría en el reencuentro del can con su dueño. Jesús disfrutó de la subida con calma, relajado tras la tensión.

Ignoro si los perros creen en Dios pero de lo que sí que estoy seguro es que, desde ese momento, creen en Jesús, mi amigo, y por supuesto en “Pope”, que también tiene un gran merito en esta historia. Además de espeleólogo es un gran atleta y se ha decidido a correr. Ha debutado en la Media de Jaén y puedo aseguraros que el día que se decida a comer “espinacas” no hay quien le eche el guante.

Esa misma tarde, Jesús, Pope, Esteban y yo nos dimos una buena sesión de entrenamiento. Por cierto, No os perdáis la Media de Linares, yo he corrido las dos primeras ediciones y os garantizo que es de categoría. Al mismo tiempo podéis felicitar personalmente a Jesús, que la va a correr (espero que no se enfade mucho por haberos contado esta historia, otra de sus múltiples virtudes es que le gusta pasar desapercibido).

Saludos JMD.

sábado, 18 de mayo de 2013

Charlatanes y pseudociencias


La medicina tiene límites. Por mucho que el médico se esfuerce en indicar lo mejor para el paciente, la curación no siempre está al alcance de la mano, ni de la ciencia. Pocos médicos de verdad pueden evitar el preocuparse sinceramente por sus enfermos y, en general, se antepone el interés ajeno al propio (especialmente en la medicina pública, tan poco respetada a veces). Las barreras emocionales, ya de por sí poco resistentes, se vuelven más frágiles con el trato y cuando las cosas no van bien es muy duro tener que informar de ello. Por eso mismo conseguir el cariño y la confianza de los pacientes supone una gran satisfacción.

Es vergonzoso que exista una cantidad nada desdeñable de desaprensivos sueltos que se aprovechan de la credulidad, la ignorancia y las esperanzas de la gente para engañarles con falsas promesas. Les engatusan con la ilusión de un milagro cuando su verdadera intención es la de sangrarles la cuenta corriente (ese es el único resultado garantizado que pueden ofrecerle a sus víctimas). Les venden humo a precio de oro mágico, con teorías que poseen la misma base científica que los cuentos de hadas. Al igual que a los villanos de los cuentos no les preocupa el daño que puedan causar por el camino. Por desgracia ahí termina la similitud con la fantasía y, en el mundo real, lo que le sucede al inocente dista mucho de parecerse a un final feliz.


viernes, 17 de mayo de 2013

Un comentario de "Nada" por el catedrático

La visión de Nada del Catedrático es un análisis bíblico, religioso y metafísico muy interesante. Necesita un hueco mayor que el de un comentario para disfrutarlo bien y pensar despacio en ello. Gracias. 

Una pregunta teológica muy interesante, al menos para los que gustamos de esas cosas, es qué existía realmente en el momento de la Creación. Aunque se ha dicho muchas veces que Dios crea de la nada, eso no es cierto, en el texto bíblico, al menos en todos los casos. La célebre creation ex nihilo solo se dice de la luz. El texto hebreo usa para ello una forma yusiva, la que se traduce por "fiat lux" o "hágase la luz". De todos modos, si nos fijamos en el contexto, sería razonable proponer que 'Dios hizo las fuentes de la luz'.

Una traducción más exacta (aunque literal) de Génesis 1 es: "En el principio de la creación de Dios del cielo y de la tierra" y no "En el principio creó Dios...". Gén. 2 deja muy claro lo que había antes: "cuando la tierra había sido deforme y amorfa", to:hû y bo:hû en hebreo son quasi-sinónimos. Es un fenómeno retórico muy corriente en hebreo bíblico, la hendiadis ('uno mediante dos'), uso de dos palabras que significan casi lo mismo para expresar un concepto. Lo que importa aquí, en todo caso, es que "había sido": el nombre se antepone al verbo en hebreo, lo que se usa para indicar el tiempo anterior. La Torah, el Pentateuco, no pretende contar la historia desde el principio del tiempo, solo la Creación.

Entonces tenemos que irnos al origen del tiempo. En este momento somos einstenianos, es decir, hay una curvatura espacio-tiempo que implica un ciclo. Dentro de dos mil quinientos años esto quizás sea tan limitado como lo que pensamos hoy de la Física de Aristóteles; pero en este momento es lo que hay.

Dios queda fuera del tiempo. Entonces ¿cómo se relaciona con el tiempo? Para el cristianismo la respuesta es la Segunda Persona. Jesús es Dios en el tiempo, en el tiempo terrestre. Si hay otros seres inteligentes en otros mundos con tiempo, nada impide que la Segunda Persona tenga otras manifestaciones en su tiempo, otras personificaciones. Los budistas, por ejemplo, dan otras soluciones para un Dios intrascendente, es decir que no transciende, que no se comunica con el hombre, el hombre llega al nirvana, sale del tiempo y es asumido en un dios panteísta.

La Nada, entonces, absoluta, sería un universo sin Dios, lo cual, teológicamente, es una de las interpretaciones del Infierno. En varios momentos de la teología católica se ha especulado con que el justo castigo de los malvados pudiera ser la Nada (es difícil pensar en el perdón de Hitler, Stalin, Mao Zedong, entre otras joyitas humanas contemporáneas). La interpretación superficial del Infierno como un lugar lleno de fuego y humo (como el bar de Filosofía en tiempos), con demonios de cuernos y rabo pinchando con enormes tenedores, no es cosa seria, aunque sea espantosa y artística. El Infierno es la Privación, especialmente la privación del Amor.

En la Biblia, para terminar, si la entendemos desde el texto hebreo, correctamente, la materia estaba ahí. No se pretende contar el origen del espacio y del tiempo. La Nada, en realidad, no es un concepto bíblico, al menos no es un concepto central para la Creación. Como en tantas otras cosmogonías, lo que cuenta es la materia, sobre todo en forma de agua.

jueves, 16 de mayo de 2013

Nada

Nada no se puede definir, una definición bastaría para convertirla en algo. La nada no es imaginable, si no hay nada tampoco se encuentra entre la fantasía. No es la mente en blanco, o en negro, no es un color, ni un fundido. No es la ausencia, no es algo que falta, por lo que se podría sentir nostalgia. Tampoco es una carencia ¿cómo puede carecerse de lo que no ha existido, no existe y no existirá jamás? Nada no es un espacio vacío, sino que es preciso quitar el espacio y el vacío para que no quede nada. No es oscuridad, porque la oscuridad es densa y te hace estirar las manos para palparla. No se siente ni se percibe. Nada es el antes del principio del tiempo, el antes del universo, el antes de la energía. ¿Es la nada un concepto? Ni siquiera eso, por mucho que se intente no hay nada capaz de dar idea de la nada, sólo la nada podría, pero la nada no es nada.

Esta entrada es un ejemplo de que no he logrado escribir nada sobre la nada, al contrario, he escrito sobre algo que, aunque he llamado nada, no era tal. Quizás debiera haber seguido callada, dejar en el día de hoy un hueco, aunque la nada no lo ocupara. ¿Será en otro momento? o, mejor dicho: ¿no lo será? No digo más.

Salmón marinado

En nuestra visita a Estocolmo descubrimos, entre otras cosas, que el invierno escandinavo llega de repente, sin esperar a su fecha oficial en Diciembre sino que el 14 de Septiembre en concreto, y para no dar lugar a dudas aparece acompañado de un frío polar que nos pilló casi por sorpresa (nos habían avisado pero nos resistíamos a creerlo ya que el día anterior habíamos paseado por la ciudad en tirantes y pantalón corto). En ese viaje también comprobamos que el salmón era el pescado nacional y el plato estrella en todos los restaurantes. Ese pez, versionado de mil maneras distintas, no faltaba en ningún menú salvo en el de los postres y supongo que eso era porque a los suecos aún no se les ha ocurrido imitar la tarta de trucha de la zona de León (ligero hojaldre hecho con la mantequilla de la región y con un relleno sorprendente, que parece cabello de ángel pero que en realidad está elaborado con trucha y azúcar). Es increíblemente buena. Para el que sienta curiosidad la marca Boñar la vende ya preparada. Son los herederos de su creador, el mismo que el de los famosos Nicanores, esas flores crujientes que se derriten al morderlas, fundidas en el calor de la boca, y que se asemejan en su textura a los fantásticos Virolos de Baeza, aunque el hojaldre de estos últimos, igual de fino, se haga con manteca por lo que su sabor es diferente. Lo mejor es probar ambos productos y escoger, si se es capaz, el favorito (puede ser necesario repetir el experimento hasta tomar una decisión, personalmente aún estoy en fase de ensayo). Los Nicanores cuentan con la ventaja de que son más fáciles de conseguir que los Virolos, que sólo se encuentran en la zona de Jaén, aunque merece la pena escaparse y aprovechar para visitar la hermosa Baeza, con todos sus recuerdos de Machado, y probar el pastel en su pastelería de origen.

Esta no es la receta de la tarta de trucha sino una sencilla preparación de salmón que, sin ser un postre, lleva azúcar en su composición. La tita Lucky es una experta en darle el punto a este platillo.

Salmón marinado

Ingredientes
1 trozo de salmón de aprox. 1 kg y medio, abierto por el centro, sin espinas y con piel
Media taza de sal fina
Media taza de azúcar granulado
1 manojo de eneldo fresco

Elaboración
Cortar el salmón en dos filetes a lo largo.
Poner uno de ellos con la PIEL hacia ABAJO y cubrir con la mitad de la mezcla de la sal y el azúcar (venden paquetes ya preparados con la mezcla y también los hay con la sal ahumada).
Espolvorear con el eneldo.
Cubrir con el resto de la marinada.
Colocar encima el segundo filete con la PIEL hacia ARRIBA, a modo de sandwich, y de manera que la parte más fina de uno encaje con la más gruesa del otro.
Envolver bien con papel film, debe quedar bien prieto.
Poner sobre una fuente amplia y cubrirlo con un plato.
Colocar en la nevera con un peso bien pesado por encima (se pueden usar unas latas de conserva, unos bricks o similar), para favorecer el proceso de maceración.
Enfriar durante 24-36 horas, en las que el salmón se cocinará y ganará consistencia al soltar líquido debido a la mayor osmolaridad de la sal con el azúcar.
Retirar el salmón del envoltorio y limpiar bien el adobo.
Cortar en láminas finas al bies y acompañarlo de una salsa de mostaza con eneldo. Servir sólo, con tostadas, en canapés, con huevo hilado, con Philadelphia y nueces, ensaladilla, hojaldre...

Opción: Esta misma receta se puede preparar con otros pescados. Recuerdo una ensalada de lubina marinada que tomamos en la Escuela de Cocina de La Laguna, en Baeza, con carpaccio de naranja y cebolla y aceitunas negras picadas, aliñada con el excelente aceite de oliva de la zona, absolutamente espectacular. Tan buena era que había recibido varios premios.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Invasores

Hay pacientes que se creen con todo el derecho a irrumpir en medio de una consulta independientemente de que esté, o no, ocupada por otro enfermo. No se disculpan por su impertinencia sino que, al contrario, demandan atención inmediata. Tampoco les detiene el hecho de no encontrar a nadie en ese instante, en cuyo caso recurren a llamar al médico a voces y a preguntar lo evidente: ¿no hay nadie? El doctor puede estar en otro despacho, en la planta, haber salido al baño o a atender una urgencia, pero eso no va con ellos. Aprovechan las puertas de comunicación interna para extender su invasión hacia las consultas ocupadas.

No se avienen a razones. Cuando se les indica que deben esperar fuera a ser atendidos y que están invadiendo la privacidad de otros pacientes no comprenden a qué se hace referencia. Está claro que el gran concepto que tienen de sí mismos en su egocéntrico universo no comulga con la idea de que su presencia pueda incomodar y, menos aún, resultar molesta. El ser deseados hasta en el infierno, según su opinión, no implica que el médico del demonio se muera de ganas de atenderles. En realidad lo que sí que desea es mandarles al diablo (con un mínimo de cortesía que evita que les diga lo que piensa, aunque no impide el cerrarles la puerta en las narices cuando no procesan el significado conminerativo de la frase "¡no puede pasar!" e insisten en imponer su presencia por encima de la del paciente de turno).

Cuando esto ocurre no puedo evitar preguntarme qué sucedería si estos energúmenos reprodujesen semejante comportamiento en otros lugares ¿Es que acaso entran en la cabina del piloto del avión? ¿O visitan al maquinista del tren? ¿Se  meten a discutir el estado de sus cuentas con el director del banco en vez de esperar la cola correspondiente en el cajero? En una comisaría ¿pasarían directamente al despacho del capitán a recurrir una multa de aparcamiento? Si eso fuese así, no dudo que podrían acabar también realizando una estancia, no sólo turística, en el bonito calabozo de esas interesantes instalaciones.

El problema principal reside en que esto no es algo anecdótico sino que este tipo de violentos eventos tienen lugar a diario. La situación ha empeorado aún más, si cabe, tras la implantación de las máquinas de números de llamada. Ya no se asoma nadie a las salas de espera a quien poder recurrir (y pobre del valiente que lo haga, porque será abordado sin piedad).  El personal que, supuestamente, debía estar de apoyo a pie de máquina para ayudar a los pacientes, no está en su puesto (no es culpa suya, la mayoría, con motivo de los recortes, no tienen ese puesto).

La falta de respeto por el personal sanitario está cada vez más extendida y no sólo en lo que respecta a desdeñar el miramiento que requiere la íntima relación médico-paciente. La ausencia de puntualidad forma parte del pan nuestro de cada día. Las excusas más habituales son las de: "estar trabajando" (como si en el hospital no se hiciese precisamente eso), la indignante "otras veces soy yo el que espero" (ante lo cual el razonamiento evidente es que "si el paciente no está a su  hora, el médico no puede ir en hora") o la original "no encontraba aparcamiento" (ante lo que pregunto qué es lo que hacen con el coche cuando van al cine al centro de Madrid). En ocasiones, algún tipejo recurre incluso al insulto al no lograr salirse con la suya. De nada sirve que el Colegio de Médicos afirme que "la condición de autoridad le sea inherente al médico durante el desarrollo de sus funciones" y que, por tanto, "cualquier amenaza se denunciará por vía penal". Si se hiciera así, ni las cárceles ni los jueces darían abasto para atender la ingente acumulación de demandas.