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viernes, 27 de enero de 2017

YE

Por fin escribo. No es que no tenga temas sobre los que hablar, es una de las ventajas de tener un blog variado, que todo lo que se me ocurra cabe. En este caso voy a aprovechar una salida del hospital para contar una tarde de ocio, comidas y tiendas.

Quedar con amigos no siempre es fácil, y mucho menos si son médicos: hay que cuadrar guardias, cirugías que se pueden alargar, sesiones, congresos y vida personal. A pesar de las listas de espera, un médico te ve antes como paciente que como amigo, por eso conviene aprovechar el día en que las constelaciones se muestran favorables. Esta vez lo conseguimos sin demasiado esfuerzo y sin imprevistos de última hora, que como dice una de mis amigas, nunca hay que cantar victoria hasta que estamos todas sentadas a la mesa.

Después de una mañana de consulta lo primero es reponer fuerzas. La comida japonesa es siempre apetecible, no solo es bonita sino también variada, y nos gustaba a las tres implicadas en el plan del día. Para empezar nuestra reunión escogimos el restaurante de Ayala, 67 (Ayala-Japón). Tras echarle un vistazo rápido a la carta, que a las tres y media de la tarde las tripas no admiten mucha demora, nos decantamos por el menú degustación: una ensalada, unos rollitos fritos de verdura, un poco de sashimi, otro poco de sushi en versiones nigiri (sobre monte de arroz) y maki (rollito), un tartar de salmón, otro de atún con soja y trufa, una muestra de teriyaki de toro y unos dimsums al vapor saciaron con creces nuestro apetito. Tras un té, con su sobremesa, y un retoque de pintalabios en el baño, estábamos listas para pasear por el barrio.

Una de mis amigas había descubierto una tienda de tocados artesanos, YE, en General Diaz Porlier 32, que le apetecía visitar. Después de contemplar el escaparate, no lo dudamos, aquellas preciosidades había que verlas de cerca. Llamamos al timbre para que nos abrieran, la dueña, de nombre Yulia Eremina, suele estar en el taller de abajo, trabajando en sus diseños entre cliente y cliente.

Dentro todavía había más preciosidades, tantas que no sabíamos por dónde empezar, quizá nos emocionamos más de la cuenta y entre las tres no sé si quedó algún sombrero sin probar. Su creadora nos explicó algunos detalles y nos ayudó a colocarnos los tocados de la manera más adecuada y favorecedora. Se notaba que disfruta con su trabajo, a cualquier otro le habríamos vuelto loco, pero ella compartía nuestro entusiasmo.

Si lo hubiese sabido, quizá esa mañana me habría peinado con más esmero. Había salido de casa con la cabeza aún algo húmeda, que terminó de secarse en el coche, y todo mi estilismo consistía en un semirrecogido, por supuesto sin peine, con unas pinzas para quitar el pelo de la cara y que no me molestase a la hora de explorar a los pacientes. Sin embargo, los tocados eran tan bonitos que lucían incluso así. El estilo que mejor se adaptaba a una de mis amigas era el más puro bohemio-francés, las boinas estaban hechas para ella, otra de mis amigas, más clásica, se llevó un gorro rojo que habría sido la envidia de Caperucita, no solo era bonito y favorecedor, sino muy versátil, se podía girar en todas las posiciones y cada ángulo era diferente. En cuanto a mí, confirmé algo que siempre he sospechado: mi cara es vintage, mis rasgos se corresponden más con la época de los años 40 y 50 que con la actual, y con los tocados inspirados en esos años, con redecilla incluida, parecía una extra de una película de los años dorados de Hollywood (lo podéis comprobar en la foto, ¿verdad que es un sombrero maravilloso?).

lunes, 15 de febrero de 2016

Comprar o no comprar, he ahí el dilema

El otro día una de mis amigas, al ver la camiseta que llevaba, me comentó que por qué no escribía alguna entrada sobre tiendas. La camiseta, cuyo estampado es un detalle de un cuadro de Alfons Mucha (el que ilustra este post), la compré hace un par de años en una tiendecita de Moncloa, que no sé si aún existirá. Con la crisis han cerrado muchos de mis comercios favoritos, aún recuerdo el disgusto ante la desaparición de Kalamo. A veces algunos sobreviven por Internet, la bisutería de Kalamo es uno de esos casos, pero mi perdición allí eran sus vestidos por lo que mi pérdida continúa sin remedio. En cuanto a la camiseta culpable de esta entrada, he descubierto que puede comprarse por la red en pintoreska.com, donde además tienen vestidos, bolsos, pendientes y pañuelos, todos con estampados a escoger entre diversos artistas. ¡Qué peligro!

La razón de no prodigarme en post sobre compras es que trato de controlar mis impulsos de shopahólica compulsiva y, para lograrlo, lo más eficaz es alejarme de la tentación. Por supuesto la carne es débil y no siempre soy capaz de resistirme. Escribir es una buena táctica para mantenerme a distancia, pero he visto que escribir sobre el tema no funciona igual de bien. Hay días que, aunque no quiera ni pensar en ello, las prendas me llaman con sus cantos de sirena. Mis pobres oídos, al percibir esa seductora frecuencia, me compelen a acudir a la llamada. También hay épocas. En Navidades no es preciso ningún canto, hace años los Reyes Magos desviaron su correo a mi bandeja de entrada y Sus Majestades no contemplan la opción de que alguien pueda negarse a sus demandas, ni siquiera por motivos de salud mental (y quien opine que exagero al alegar locura en mi descargo es porque nunca ha tenido que ocuparse de buscar un encargo imposible a última hora). Aprovecho para transcribir una nota reciente de Melchor en la que avisa que, en el futuro, no se tendrán en cuenta los pedidos recibidos con posterioridad al 21 de diciembre que, con las fiestas y las guardias, es muy difícil sacar tiempo de donde no lo hay. En una adenda matiza que las garantías de éxito en las pesquisas se incrementan en cartas fechadas antes del 15 de diciembre que no obligan a los pajes a andar de cabeza.

Tras el inciso de Sus Majestades, retomo mi diatriba. Al ocuparse de hacer recados para otros, cuesta trabajo no picar. Los escaparates exhiben sus mejores galas durante las fiestas y lucen su atractivo en todo su esplendor. El cerebro se torna débil bajo el creciente bombardeo y, llegado un punto, sucumbe. Por si acaso las luces no bastaran para hipnotizarte, los descuentos anticipados a clientes, y como consecuencia de mis paseos se me considera cliente de la mayoría de las tiendas de Madrid (y de Linares), se añaden como incentivo.

Hay zonas minadas. Sé que quedar por el barrio de Salamanca es peligroso, una inocente comilona se continuará con un circuito por la zona y pretender salir de allí con las manos vacías es pura entelequia. Entrar a Marella, a L'Atelier, a Divina o a Lagasca 27 (por mencionar algunos de mis favoritos) es precipitarse a la caída. No se contempla no entrar. Otro motivo por el que es difícil que me vaya sin comprar nada es porque en muchas tiendas me conocen, me saludan y se muestran encantadores, aunque sin atosigar. Me sentiría culpable si, después de semejante trato, no comprase algo.

La zona de Chueca no es mucho más segura. Por suerte o por desgracia, según se mire, mi boutique favorita de la zona es el outlet de Ekseption que, pese a sus precios outlet, sigo sin poderme permitir (aunque mirar sus percheros y probarme alguna de sus joyas textiles sí que entra dentro de mis capacidades). Si me siento frustrada, siempre me queda el consuelo de acercarme a Augusto Figueroa a mirar zapatos (los de Ekseption están lejísimos de mi alcance). Debería estudiarse en serio el efecto que ejercen los zapatos sobre las endorfinas femeninas. Aunque sé que es peligroso, porque su dependienta es uno de esos encantos que he comentado antes, que no solo me conoce sino que incluso recuerda mi número de calzado, siempre me acerco a JC. Además sus zapatos son bonitos y buenos y, ya puestos, mejor comprar buen producto a gente amable. Muy atenta es también la dueña de una pequeña tienda vintage que he descubierto hace poco. Se llama Emmanuelle y está en Campoamor, 8. Entré porque, a diferencia de lo que suele suceder en casos similares, las prendas parecían nuevas. Luego comprobé que no olían a viejo y, además, tenían buen tacto. En realidad no eran nuevas sino que están tratadas y restauradas para dar esa impresión. La calidad era excelente y los precios de derribo: podía permitirme pecar sin remordimientos (e incluso comprar algún regalo).

jueves, 12 de febrero de 2015

Con mi amiga

Recojo a mi amiga del cole a la salida de su hospital. El plan es puesta al día con comida y paseo de compras. Conduzco hacia el Barrio de Salamanca. Por el camino me cuenta sus últimas vicisitudes como enfermera de quirófano. En las cirugías lo único programado es el parte. A partir de ahí, lo que suceda, es imprevisible. Lo único cierto es que se corre un gran riesgo de sufrir aventuras y desventuras. No hay que buscarlas, surgen, son ineludibles, forman parte inherente del trabajo en quirófano y hay que solucionarlas al momento. No es posible despistarse. La realidad te reclama en cualquier momento.

En hospitalización las cosas son muy distintas, allí generalmente los enfermos no se desmandan, permanecen en sus puestos para recibir la medicación pautada. Las enfermeras se organizan el trabajo y es raro que esa organización se vaya al traste. Ocurre en ocasiones, pero es algo incidental. Sin embargo, en el quirófano, es lo habitual. Mi amiga ha trabajado muchos años en planta y el cambio al quirófano le ha supuesto más sorpresas de las que se imaginaba.

Aparco el coche en Velázquez. A la salida del parking está "El Lateral", he oído hablar de este sitio pero nunca he estado. ¿Probamos? propongo. Entramos. Está hasta los topes, hay incluso lista de espera. Pensamos en dar la vuelta, son casi las tres y media y lo que apetece es comer. El maitre nos asegura que las mesas están pagando. Hacemos tiempo en la barra. Vemos salir un pincho de tortilla, no sé si es por la hora pero la pinta es irresistible. No nos resistimos. Pedimos uno para saborear la espera. Está tan bueno como aparenta.

La carta son raciones, pinchos y ensaladas. Ya en la mesa compartimos un surtido. No está mal pero es mejorable, los pinchos calientes vienen fríos. La ensalada está rica. Lo mejor, sin duda: la tortilla: tierna, cremosa, con cebolla y patata que se deshace en la boca y el huevo sabroso y poco cuajado. Es el único motivo por el que merecerá la pena volver.

Voy concienciada. Sé que salir de compras por el Barrio de Salamanca es garantía de no regresar con las manos vacías. Empezamos con Rimini, en Lagasca. No les quedan rebajas, se las han llevado todas a la tienda de Claudio Coello, 3, al lado del Retiro. A cambio, la ropa de primavera está de oferta, a 29 euros o menos. ¡Qué tentación!

Siguiente parada: El Atelier, en Claudio Coello. Confieso que se trata de un pecado premeditado: telas vaporosas, colores suaves, bordados... Lo poco que les queda de invierno está al 70%. Lo de temporada no tiene descuento pero es precioso. Es un placer mirarlo y aún más vérselo puesto. Probarse vestidos maravillosos es como convertirse por un instante en la princesa de Piel de asno cuando se viste a escondidas con sus vestidos de sol y de luna. Puro narcisismo.

Seguimos por Claudio Coello hacia Goya. Las tiendecitas se alinean una tras otra pero chispea y no nos detenemos demasiado a investigar. Nos dirigimos a Lagasca 27, allí las prendas se aprietan en los percheros y los descuentos sobre los descuentos. Descubrimos un par de vestidos, a la vez clásicos y originales, de La Compagnia Italiana. Perfectos de estilo y precio, uno para cada una.

Hace siglos que no me paso por Divina, en Jorge Juan. Sería un feo no hacerles una visita, estamos al lado. Aquí no se trata de escoger sino de descartar. Hay una blusa irrepudiable, a juego con el nombre de la tienda. También es cierto que la divinidad reclama un tributo.

De camino al coche nos llama el escaparate de Leonce, en Velázquez. ¿Por qué no investigar? Llegado un punto: de perdidos, al río. Benditas rebajas, sin ellas me habría ahogado.

Me acuerdo del pobre House se ha pasado la tarde solo en casa, sin mi compañía. Para resarcirle del disgusto, compro la cena en Mallorca y añado unas torrijas de postre que, al parecer, también ha empezado esa temporada.

domingo, 8 de febrero de 2015

Una terapia peligrosa

Dos días de encierro, entre pastillas y pañuelos, son como para volverse loca, sobre todo cuando el primer día, una se encuentra tan floja que hasta leer cansa. Afortunadamente todo pasa y eso es especialmente bueno cuando lo que se termina es malo.

Supongo que tras el bajón de la enfermedad necesitaba "terapia", aunque no el tipo de terapia que se imparte en un hospital sino en un un lugar mucho más peligroso: un centro comercial. No, no estoy curada de mi shopaholismo, convertirme en una adicta a la escritura ha servido para relegar a un segundo plano mis otros vicios, todos sin término medio o no serían vicios, pero, de vez en cuando, sufro recaídas. Las rebajas son una tentación irresistible y, para empeorar las cosas, se juntan con los "avances de temporada"... ¡Ay!

Hacía mucho que no iba al antiguo Factory de S. Sebastián de los Reyes, ahora reconvertido en Style Outlet. Tras confirmar que abrían los domingos, me he acercado al despacho de House.
- ¿Te importaría que me fuese al Factory? - le he preguntado. Sabía que no me iba a decir que no pero, por otro lado, tenía la esperanza de que me contuviera.
- Claro que no, - me ha contestado, creo que le ha extrañado que le consultase y por eso, antes de despedirme, ha añadido la recomendación que necesitaba, - no gastes mucho.
En el coche me he grabado esas palabras en mi cabeza. Sólo compraría si encontraba algo absolutamente divino, el resto ya no tiene cabida en mi armario. Literalmente. Es una cuestión de espacio físico.

Toda terapia femenina empieza por los pies y Mascaró ha sido mi primer destino. Tras probarme bailarinas, botas y sandalias he salido muy recuperada (y sin ninguna caja). He descubierto que en esa tienda de Boss ya no tienen ropa de mujer así que también he superado el segundo peligro. (Se podría hacer un videojuego de esto). He pensado en los infinitos pendientes que tengo en casa y ni me he acercado al escaparate de la joyería Roselin. ¿Verdad que es cómo para sentirse orgullosa? Quizá fuese un poco pronto para cantar victoria, aún estaba al principio del primer pasillo.

El final de las rebajas tiene dos ventajas: una es que todo está mucho más barato y dos que apenas queda nada. En Lujans no había muchos restos pero aún así he estado a punto de pecar con unas botas. Finalmente he retomado el buen camino. ¿El motivo? Las notaba, no me quedaban como un guante, imperceptibles de puro cómodas. Un ajuste suave y perfecto habría sido lo único que hubiese justificado su compra.

En Javier Simorra me he probado un par de vestidos, no estaban mal pero distaban de ser divinos. He tentado la suerte en la tienda de al lado, con ropa mona y barata, aunque faltaba la "b" de buena. ¡Uff! ¡Qué tela! ¡Qué corte!

Venía la prueba de fuerza: los zapatos de Pedro Miralles. Difícilmente iba a escapar de esa. Me he resignado y, dispuesta a todo, he escogido un par de botas, otro de botines y unos salones. Las botas me rozaban, el 37 lo perdía al primer paso, el 36 me encajaba pero lo notaba y los botines que más me gustaban tampoco estaban en el 36. ¿Quién lo habría dicho? Los hados se habían aliado, aún no sé si conmigo o contra mí.

He seguido mi recorrido. Nada en Textura. Tienda Lindt hasta los topes y hay chocolate en casa. En Guess creí que caía ante una blusa roja de nueva temporada, supuestamente ceñida, y en la que me faltaba material para rellenarla. También he descubierto unos zapatos de liquidación, unos salones de ante fucsia y de tacón alto y fino. El precio era casi irrisorio pero, de similares características, tengo varios que no salen del armario y ha imperado el sentido común.

Botas en Panama Jack con demasiada gente en un local pequeño, me aturdía. Un vestido divino, y grande, en Golfino. Levi's saturado, al igual que Massimo Dutti, donde una percha con un vestido largo de color salmón me llamaba a voces, incluso había de mi talla, pero he preferido hacerme la sorda a comprometer mi espacio vital. Nada más allá. Lo de siempre en Camper.

Se acercaba la hora de comer, y de volver. He regresado igual que me marché. Increíble. Claro que no sé si mi rehabilitación durará mucho, el martes he quedado con mi amiga del cole para comer y tiendear por el barrio de Salamanca. Dudo si no ha sido mi subconsciente el que me ha contenido ante la perspectiva del otro plan.

viernes, 4 de julio de 2014

Mercadillo de Minerales

Hace mucho que no os comento nada del Mercadillo de Minas y con tanta entrada en el blog no es fácil hallar nada por casualidad, mucho menos el post de septiembre del 2011 en el que me refería a él. Los que me conocen, o los que recuerden algo del susodicho post, sabrán que soy fan incondicional de ese evento (de hecho me conocen en algunos puestos). Además de la venta presenta otros alicientes: el edificio es arquitectónicamente precioso, una maravilla que hay que ver, el Museo con el que cuentan, pequeño y gratuito, resulta de lo más interesante, con piezas sorprendentes, y la visita a la Mina del patio supone una curiosidad para los más pequeños, y no tan pequeños, ¿quién podría imaginarse que hubiese un túnel de mina en medio de Madrid? El mercadillo en sí es una oportunidad para perderse entre gemas y joyas a precios irresistibles y aprender algunas de sus peculiaridades. Los encargados de los puestos son expertos apasionados del tema y siempre están dispuestos a responder a las dudas que se les planteen. ¿Tenéis algún regalo pendiente? ¿Os gustan los fósiles? ¿Sentís curiosidad o simplemente deseáis curiosear? Pues no os lo perdáis.

El Mercadillo de Minas también se va de vacaciones. La próxima y última Bolsa-exposición de minerales, fósiles y gemas de la temporada contará con los mejores comerciantes de Madrid y con un extra: las novedades traídas de la feria de Saint Marie aux Mines en Francia. Este particular Mercadillo se celebrará este mismo domingo, día 6 de julio de 2014, de 10 a 14 horas, en la Escuela de Minas y Energía de Madrid de la Calle Ríos Rosas (al lado de la estación de Metro del mismo nombre).

Para los que no podáis acudir ese día sabed que estarán de nuevo de vuelta el 7 de septiembre.

martes, 8 de abril de 2014

El arte del vino

Hace unos días me apunté a una cata de vinos muy original. Se trataba de maridar arte y vino. Me gustan las dos cosas así que el plan me sonó muy bien.

La idea surgió a raíz de la exposición de Javier Comas en Café di Vino. Primero Javier nos dio las pistas, en forma de comentario sobre sus obras. Habló de su estrecha relación con las Canarias de la que había surgido "Atlántico" con sus matices turquesas, sus arenas blancas y sus rocas volcánicas. Explicó como la niebla en los árboles desnudos de un invierno interminable le había evocado la sencillez del arte chino para su serie de "Árboles". Nos contó como el azul oscuro del "Egeo" le había sacado del laberinto en el que se encontraba atrapado.

Con esas pistas debíamos descubrir el porqué de cada vino seleccionado. Se trataba de una cata ciega en la que el gusto y el olfato debían actuar de guías.

El primer vino era blanco, sabroso, algo salado. Sabía a fino pero era una manzanilla (en concreto Borbón-Orleans). Aprendí que la diferencia entre Jérez y Manzanilla es que, aunque ambas son de uva Palomino, la segunda se produce en Sanlucar de Barrameda, a orillas del mar, y por eso es más salada. Es muy trabajosa de elaborar ya que requiere una cuidadosa crianza en barrica bajo velo de flor, la capa de levaduras naturales que cubre el vino para su fermentación biológica, de ahí su maridaje con el Egeo.

El segundo vino era un vino con cuerpo pero ni áspero ni  recio, con la densidad precisa, muy rico, con algo de madera y bastante sabor a fruta. Cuando descubrí que la uva era Tempranillo no me lo podía creer porque me supo muy distinto a los Riberas y los Riojas. Era un 13 Cántaros de Cigales, escogido para el evento por las nieblas vallisoletanas. Un vino muy económico y que me gustó mucho.

El tercer vino era un tinto diferente, más suave que el anterior pero sin resultar acuoso, tenía aromas de violeta, de pimienta y de miel y también algo de salinidad. Fue el favorito de muchos. Su DO supuso toda una sorpresa: el valle de la Orotava, al norte del Teide. Su nombre: 7 Fuentes.

Una vez catados los vinos y maridados con los cuadros había que comprobar qué tal casaban con algún alimento más sustancial. Mi conclusión final es que con unos tacos de queso Majorero componen una magnífica obra de arte (efímera pero muy satisfactoria).

lunes, 17 de marzo de 2014

Café di Vino

Ciprés- Javier Comas
Café di Vino es una pequeña y selecta tienda de vinos ubicada en la C/ Malasaña, 23. En este caso selecta no es sinónimo de cara, al contrario, su propietario se preocupa de escoger vinos excelentes con una relación calidad-precio igual de excelente. La mayoría están por debajo de los 15 euros. Si deseáis comprobarlo mientras aprendéis más de vinos, os recuerdo que el saber no ocupa lugar y menos si es delicioso, también organizan catas. La próxima tendrá lugar el jueves 20 de Marzo a las 19:00h. Estoy segura de que merecerá la pena porque el dueño es encantador y disfruta tanto con su trabajo que transmite su entusiasmo.

Me enteré de su existencia gracias a Javier Comas. El local se preocupa por su imagen, y han conseguido crear un ambiente realmente agradable: muy sencillo y acogedor. Por ese motivo le pidieron al artista si no le importaría exponer algunas de sus obras para la inauguración. Me invitaron pero no pude asistir porque coincidió con mi fin de semana de guardia. Aún así el plan quedó pendiente.

He aprovechado la mañana del sábado para acercarme. Los cuadros de Javier Comas, cada vez más bonitos, decoraban el lado derecho de la pared. El primero es un océano Atlántico grande, luminoso y sereno, de tonos azules celestes y turquesas en una playa de arena pálida. Al lado crecen unas exóticas orquídeas, vestidas de naranjas, rojos, verdes y violetas, listas para acudir a la fiesta del jardín de las maravillas de Alicia. Preciosas. La intensidad de sus colores contrasta con el camino de blancos, grises y negros de los árboles desnudos, apenas perfilados, alineados sobre la nieve, que componen el siguiente cuadro. Es una serie muy delicada y una de mis favoritas.

Una estantería devuelve la atención a los vinos. En este caso los protagonistas son unos vinos dulces de lo más tentadores. Un poco más allá hay un cuadro pequeño perteneciente a la misma serie de árboles invernales y que, para mi gusto, resulta aún más bonito que el anterior. La nieve y algunas copas verdosas se cubren de reflejos borrosos y azulados de niebla. Javier se lo ha regalado al dueño que espero lo deje en la tienda para contemplarlo. Junto a él, unos árboles amanecen entre el arcoiris. A ambos cuadros les acompaña una muestra del desierto de Fósiles, que sustituye al Ciprés (de la ilustración) que ha vendido. Al fondo de la sala, en solitario, ruge la fuerza del mar Egeo.

Por supuesto, además de ver arte, me he dejado aconsejar y me he surtido de vinos y vinazos. Con la comida del fin de semana probamos uno de estos últimos, un César Príncipe del 2010 de Cigales y certifico que está riquísimo. Para la próxima semana les llegará un PX excepcional con 100 puntos en la guía Parker. No me quiero ni imaginar lo buenísimo que estará aunque no sé si tanto como el Ximénez Spinola, mi favorito. Por cierto, para los abstemios, también disponen de café. A House le he comprado uno del Salvador que me ha llamado a voces desde el estante.

viernes, 29 de noviembre de 2013

La expedición del polvorón

Hace muchos años, cuando vivíamos entre el lujo del Barrio de Salamanca, también en un piso sin lámparas, nos aficionamos a lo bueno, cosa que no nos costó ningún esfuerzo. Entonces las tiendas gourmet se llamaban mantequerías y cerca de casa teníamos una. Al acercarme por allí en época de navidad me llamaron la atención unos polvorones. Era difícil que pasasen desapercibidos, de entrada el precio había que mirarlo dos veces para cerciorarse de que no se trataba de un error de percepción. La caja estaba decorada con todo tipo de medallas. Hasta entonces no sabía que los polvorones entrasen en ninguna competición, pero estos no sólo participaban sino que barrían a sus adversarios. Soy golosa y caprichosa así que no me resistí y me llevé una muestra. Al día siguiente volví a por más, muchos más. Cuando cerraron la tienda los busqué por todo el barrio hasta dar con ellos. Con el boom inmobiliario mi proveedor se mudó a Alcobendas pero por teléfono les encargaba cajas de 5 kg que me servían a domicilio. No, no me comía yo sola los 5 kilos, nunca faltaban voluntarios con los que compartirlos.

Nos mudamos y ahora los famosos polvorones son una excusa perfecta para hacer una expedición al antiguo barrio (donde los volví a encontrar). No soy la única adicta, según terminan las vacaciones de verano empiezan las indirectas, y las directas. Por ellos me enfrento al tráfico a la hora maldita de la salida escolar. No tengo claro que es peor, si los autocares o las madres. Los conductores más agresivos se crispan ante la doble y triple fila y hay estar al quite y no distraerse. Ni se me ocurre buscar un hueco en la calle, a precio de zona verde no merece la pena. Se agradece la lucecita verde que me indica la única plaza libre de todo el parking.

En el escaparate de las Mantequerías Bravo veo dos bolsitas con la etiqueta de Felipe II. ¡Ya han llegado! Al parecer he cantado victoria antes de tiempo. Habían llegado pero se han agotado, hay muchos buitres en esta ciudad. Esperan una nueva remesa para el día siguiente. Afortunadamente no tengo que hacer otro viaje, se ofrecen a llevármelos a casa.

Regreso al parking. No encuentro el ticket por ninguna parte. No me agobio, ¿para qué? no arreglaría nada y sólo pasaría un mal rato. Me convenzo de me lo he dejado en el coche y voy a buscarlo. Casi acierto. El ticket está ahí, tirado junto a la puerta, se ha debido de caer al salir y ha esperado sin moverse a que volviese a por él. Lo recojo y voy a la caja, la máquina está ocupada, considero que por un rato. Mejor, así puedo contarle a alguien lo que me ha pasado. Me atiende un chaval muy simpático. Sonrío de regreso a mi coche y unos señores me llaman guapa. Cuando llego a casa me encuentro sobre la mesa mi último pedido de libros. Si hago recuento la tarde ha resultado ser de lo más provechosa: mantecados, piropos y libros. No está nada mal.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Venta especial Qüin

¿No os parece una buenísima noticia? (a todos salvo a House, y a mi asistenta, que saben que mi armario está empaquetado a presión, más que un armario se diría que es una gran maleta).
¿No os apetece algo nuevo, distinto y favorecedor para el cambio de temporada?
¿Tenéis en perspectiva alguna boda, comunión, cena de empresa, fiesta de Nochevieja o cualquier otro evento y en el armario no encontráis que poneros? ¿Acaso habíais pensado repetir modelito y convertiros en las víctimas de la harpía de la fiesta? ¿Para qué ponérselo en bandeja? ¿No es mejor que se atragante con la hiel de su envidia?

Aunque sólo sea por cotillear y ponerse al día de tendencias ya merece la pena darse una vuelta.

jueves, 10 de octubre de 2013

Oktoberfest

Con la excusa de la Oktoberfest han puesto un stand de cervezas en la Plaza Central de la Vaguada y, con la excusa de hacer la compra, he pasado por allí y me han invitado a una cata. ¿Necesito más excusas? Pues tengo otra. He aceptado para así poder ilustrar a los lectores del blog, no he pensado sólo en mí. ¿Más justificaciones? No suelo beber cerveza, aunque no me resisto a una Grimbergen Dubbel, a una Negra Modelo o a una Alhambra 1925, y para desesperación de House lo que sí suelo hacer es probar un traguito de su vaso.

Como buena alumna he sacado mi libreta para coger apuntes, otra cosa es que ahora entienda mi propia letra para transcribirlos aquí. He sido tan aplicada que he conseguido el título de Experto Cervecero Junior y tengo un diploma que lo atestigua. Conozco a la mayoría de mis lectores, no son otros que mi hermosa familia, y sé que todos sabéis de cervezas mucho más que yo, pero ninguno posee un título que certifique sus conocimientos.

Nuestro maestro cervecero del día, Gonzalo, ha comenzado con una introducción. Nos ha hablado de la historia de la cerveza, cuyo origen se remonta a hace más de 6000 años, en concreto a la civilización sumeria (los mismos que introdujeron la escritura) que empleaban nada menos que el 40% de su producción de cereales en la elaboración de cerveza. Los egipcios incluso mencionan la cerveza en su Libro de los Muertos. Su introducción en Europa se debe a los griegos y su popularidad a los romanos, especialmente en el centro y norte del continente. El cultivo de la cebada se adaptaba mejor a los climas fríos y la uva a los países mediterráneos. La cerveza no sólo se extendió por Europa. Los chinos elaboraban una bebida similar a base de arroz. En América los aztecas e incas partían del maíz.

Fue la Revolución Industrial lo que hizo posible su comercialización gracias al uso de máquinas de vapor para su elaboración, la posibilidad de conservación y refrigeración y su embotellado en vidrio. La cerveza cruzó fronteras tras Pasteur y su pasteurización, que destruía las bacterias que crecían junto con las levaduras y corrompían la cerveza.

El ingrediente principal de la cerveza es el agua (un 92%) a la que se le añade la malta germinada de cebada, tostada o sin tostar, (aunque ya he comentado que también se utilizan otros cereales) que fermenta por la acción de levaduras. Luego se cuela y se le añade la flor hembra sin polinizar del lúpulo, una planta aromática que le proporciona su característico amargor.

Hay 2 tipos de cerveza en función de su fermentación:
1. Ale o de fermentación alta: El proceso de fermentación se realiza a temperatura ambiente y las levaduras quedan en la parte superior del líquido. Se obtiene una cerveza con más cuerpo.
2. Lager o de fermentación baja: Fermenta a baja temperatura y las levaduras se depositan en el fondo. Es una cerveza más libera.

Dentro de estos 2 tipos encontramos diferentes estilos: Pilser, Pale, Abadía, Porter, Stout, Lambic...

Tras la parte cultural pasamos a la cata en la que debíamos evaluar las características organolépticas (visuales, olfativas y gustativas) de 3 cervezas diferentes.

La primera fue la Guinness Draught. Es de fermentación ale. Se sirve en vaso de pinta en dos tiempos. ¿Por qué dos tiempos? Porque es una cerveza nitrogenada y precisa un periodo de "swirling" en el que el nitrógeno se sustituye por carbónico (la otra versión de Guinness, la original, es carbonatada y no necesita esperar). Hay que inclinar el vaso 45º y verter la cerveza hacia el arpa dorada dibujada en el cristal del vaso original. Al llegar a la altura del arpa en cuestión es cuando hay que esperar los 60 segundos antes de añadir el resto de la cerveza (se supone que el tiempo ideal de servicio son 119,5 seg).
Visualmente presenta un color rojizo oscuro con una espuma espesa de tono marfil y burbuja muy fina y persistente. Conviene tomarla a una temperatura de 4-5º. Emite aromas de café, regaliz, ahumado y un matiz aceitunado del lúpulo. Para catarla hay que tomar un primer sorbo que inunde las papilas gustativas y un segundo sorbo en el que analizar los sabores. En boca el tostado le da un ligero dulzor en la punta de la lengua, muy poca acidez (en los laterales) y un amargor característico que se percibe en la región posterior de la lengua.

La segunda cata correspondió a una Paulaner. Es una cerveza ale que contiene un 40% de malta de cebada y un 60% de trigo malteado sin tostar (en la dorada) o tostado (en la Dunkel). ¿Sabíais que el 50% de la cerveza que se consume en la Oktober Fest alemana es Paulaner? Se sirve en vasos alargados de flauta que hay que inclinar hasta una posición casi horizontal porque produce mucha espuma. Es una espuma de burbuja grande y poco persistente, muy blanca y ligera. Contiene levaduras y hay que guardarla en posición vertical. Es turbia y debe servirse en dos tiempos. En el primero se vierte un 70% del líquido. El contenido restante se mueve ligeramente en círculo para recoger las levaduras y se añade entonces.

La Paulaner Dunkel presenta un aroma muy frutal, de plátano, piña y manzana, con olor ahumado por el proceso de tostado y especia de clavo que resulta muy refrescante. En cata es más cítrica que la Guinness, lo que se percibe como mayor acidez en los laterales de la lengua y con regusto frutal.

La última fue la Afflingem. Es una cerveza de belga de abadía, de tipo ale que además sufre una segunda fermentación en botella (se le añaden levaduras al embotellarla y eso le suma unos 0.3º de alcohol y algo de carbónico). Es una cerveza muy vivaz, con mucha actividad en el vaso. Hay varias versiones: Blond, Dubbel (tostada), Tripple (rubia con más graduación).
Se sirve en copa de caliz. Se vierte con una inclinación de 45º y se deja el 10 % final en la botella, que contiene las levaduras. Este 10% se puede servir en una pequeña copa aparte o junto con el resto de la cerveza. Debe almacenarse en vertical.
Es una cerveza turbia, con espuma blanca de burbuja pequeña. La Dubbel es ámbar con espuma ligeramente más oscura. En nariz es dulce con aromas tostados de caramelo y regaliz. En boca posee un amargor característico que recuerda a la cáscara de naranja con matices muy reconocibles de regaliz.

La cata duró casi una hora y fue tan entretenida que se me pasó volando. Os recomiendo que releáis este post cuando probéis alguna de las cervezas comentadas para valorar mejor sus propiedades.

Os añado una recetilla por si alguien se anima a intentar preparar su propia cerveza: 

CERVEZA CASERA
Ingredientes (para 10 personas)
10 litros de agua
500 gramos de cebada
500 gramos de azúcar rubia
250 gramos de maíz amarillo
13 gramos de lúpulo
13 gramos de levadura de cerveza

Elaboración
En una olla grande se pone el agua, la cebada y el maíz amarillo y se deja en remojo unas 4 horas. Luego se le agrega el azúcar y el lúpulo y se hierve durante 2 horas. Se retira del fuego.
Estando aún tibio se mezcla con la levadura, bien diluida en un poco de agua. Se tapa la olla y se deja reposar 48 horas en un lugar fresco para que fermente.
Al terminar, se filtra el líquido a través de un tejido de malla de hilo espeso y se envasa en botellas que han de cerrarse herméticamente.
Se guarda en lugar fresco y a la sombra. A los 6 días estarán listas para beber.

Si se desea hacer cerveza negra sólo es preciso tostar la mitad de la cebada y mezclarla con la segunda mitad sin tostar. El resto del proceso de elaboración es idéntico.

jueves, 3 de octubre de 2013

Últimos coletazos

A pesar de los contratiempos, y de los denodados esfuerzos de los hados del post anterior, he salido de casa, y no sólo a hacer la compra. Sí, milagrosamente me ha dado tiempo a algo más. Le prometí a una amiga pasarme por una tienda por el Mercado de Fuencarral, reconvertido en Centro Comercial. No lo conocía y me ha parecido muy interesante. Es diferente, no tiene las omnipresentes marcas del resto de los centros sino cosas mucho más originales con precios más que asequibles. Mi sorpresa ha sido encontrar un pequeño local, "Arte del Mundo", en cuya vitrina estaban expuestas las pulseras de neopreno protagonistas de mi aventura en  Claudia di Paolo (tras descubrir cuánto le habían gustado a sobrinísima). Justo enfrente estaba la tienda que mi amiga me recomendó. Se llama remembeR y su ropa tiene un aire vintage (como casi todo lo del Mercado). Sus diseños parten de las líneas de los años 40 que han reconvertido con estampados más actuales y colores más alegres. La ropa clásica siempre es un fondo de armario y su resistencia a las modas y al paso del tiempo es por algo: favorece. Es femenina, cómoda, fácil de llevar y no se precisa una ocasión especial para lucirla, aunque también se adapta a eventos. A esos precios es, además, irresistible.

La mañana invitaba a callejear y mi paseo me ha llevado hasta la C/ Jorge Juan donde me esperaba otra agradable sorpresa: ¡If está de Outlet! No en su pequeña tienda sino en el local de al lado, donde se ubicaba "M" (calzado de diseño español). Por supuesto no podía desperdiciar la ocasión, que sólo durará hasta este sábado, y he investigado a gusto. Todo: botas, bolsos, cinturones, zapatos, tiene un 70% de descuento, o incluso más. Los restos de los últimos números oscilan entre 50 y 100 euros (según la marca), y los de temporadas pasadas se quedan en 30. Es posible que alguno piense que eso no suena a chollo, pero lo es cuando se refiere a If. Allí los diseñadores se precian, en el más amplio sentido de la palabra, y los zapatos se consideran joyas y cuestan como tales. Es cierto que son distintos, tan especiales que no hay nada que se les parezca y el Outlet es algo excepcional y merece la pena aprovecharlo. Hay verdaderas maravillas.

No sé si gracias a mirar zapatos he recordado tenía que recoger unos del zapatero. Los dejé antes del viaje a Ginebra y se me había ido el santo al cielo. Lo que sí se me había olvidado por completo es dónde demonios había metido las llaves y la tarjeta del hospital. Las guardé muy bien guardadas para no perderlas. Siempre que hago eso con cualquier cosa, la pierdo, y esta no ha sido la excepción. Me ha tocado revisarme todos los bolsos (y son unos cuantos). Las llaves han aparecido enseguida. No así la tarjeta (y sin ella no puedo aparcar). Cuando estaba a punto de llamar a la asistenta por si la había visto (la pobre ya podía hacer memoria, que seguro que no) la he encontrado en un compartimento escondido de mi cartera que, por supuesto, había revisado. Ya se sabe, no hay mal que por bien no venga. En este caso me ha servido para hacer limpieza de papeles acumulados.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Hallazgos

Me gusta investigar tiendas. Salir a pasear, sin ninguna idea preconcebida, y mirar. Miro las calles, la arquitectura de sus edificios, sus ventanas, sus balcones y sus árboles (me encantan los árboles, me hipnotizan, me hacen soñar). Por supuesto me paro en cada escaparate, entro a estudiar las perchas y hasta compruebo el efecto de sus prendas. Soy una investigadora de lo más concienzuda.

Mis investigaciones son peligrosas, me hacen encontrar cosas que no estaba buscando, algunas de ellas verdaderos hallazgos. Cuando esto sucede no soy ningún ejemplo de resistencia, soy incapaz de dejarlo escapar. No siempre son para mí, en ocasiones el hallazgo es justo aquello que sé que otro quería, sin dar con ello.

Si he de escoger mi mejor hallazgo ese sería sin duda el vestido de novia de hermanita. Mi intención estaba muy lejos de ir a la busca y captura de semejante prenda, conozco demasiado bien a hermanita como para interferir en sus decisiones sin ser consultada. El caso es que los hados estaban aburridos y no se les ocurrió mejor idea que plantar delante de mis narices el vestido perfecto para ella y esperar el desarrollo de los acontecimientos. Lugar: Callejón de Jorge Juan. Momento: salida de Jocomomola. Localización: colgado en el escaparate de la tienda de enfrente, de nombre Cortana, a la que jamás había entrado (fuera de presupuesto).

Entré para verlo en directo. Estaba diseñado para hermanita, sin duda. Indagué los detalles con la vendedora, cuyo fuerte no era la amabilidad. No sé si "Cortana" hace alusión a cortante, pero no me extrañaría.  No me dejé amilanar, en eso de hacerme la sueca cuando algo me interesa no tengo rival. Insistí en mis preguntas y obtuve mis respuestas. Salí, encendí el móvil (no sólo lo llevaba encima sino que le quedaban pilas, los hados cuando se empeñan tienen todo en cuenta) y llamé a hermanita.

Tal y como me esperaba no obtuve una reacción muy entusiasta a mis pesquisas. Sin embargo, si me encabezono no hay nada que me haga desistir y, a pesar de ser tildada de entrometida, la convencí para que se citase para una prueba, que posteriormente negocié con la atenta encargada de la tienda. Esa tarde agoté todos mis recursos diplomáticos.

Tras la compra del velo de hermanísima, en la que mi función consistió en esperar en el coche mientras la Señora y ella investigaban las tiendas, me juré que jamás volvería a cometer el mismo error. Las compras de novia no eran lo mío. No obstante, en esta ocasión no podía perderme el evento. Confieso que, de entrada, me hacía más ilusión a mí que a la protagonista. Eso duró hasta que vio el vestido. Yo tenía razón: le encantó. Era un vestido de color marfil, con un aire hippy chic que recordaba a una túnica de una diosa griega (y hermanita lucía en el papel a las mil maravillas). Le encajaba como un guante. Se envolvía alrededor del cuerpo con un ligero drapeado que realzaba cada curva y su caída estilizaba aún más su figura. La única decisión que debía tomar era si lo prefería en gasa, crêpe de seda o satén.

sábado, 10 de agosto de 2013

Con amigas

Casi de un día para otro, mis amigas y yo cuadramos nuestros calendarios para disfrutar de una tarde juntas. No fue justo al día siguiente, que usamos para confirmar nuestra disposición, sino el de después. En un signo de madurez acorde a nuestra edad, decidimos comer en Riofrío. No obstante no llegamos a dar ese paso trascendental que nos convertiría en miembros del grupo de señoras, serias y respetables, que se reúnen regularmente en su cafetería. En la puerta me encontré con una de mis amigas y con un cartel de cerrado por vacaciones hasta el 2 de septiembre.

No teníamos intención de ayunar, así que dimos una vuelta por la zona para escoger otro lugar. Nos decantamos por Krachai, un restaurante tailandés que lucía con orgullo, sobre su puerta, las condecoraciones de los últimos años de la guía Michelín. Semejante recomendación había convencido a más gente, más rápida que nosotras. No sólo se nos habían adelantado sino que tenían invadido el salón, (a pesar de estar tan bien aprovechado que los comensales de las distintas mesas se daban codo con codo sin necesidad de estirarse). Nos llevaron al piso inferior, vacío y mucho más silencioso, lo que nos permitió deleitarnos con la música ratonera del hilo musical. El peor inconveniente es que olía ligeramente a cloaca, tufillo que forma parte de muchos rincones del hospital, especialmente de los vestuarios de quirófano. Ese aroma, aunque "familiar", no enriquece en absoluto el ambiente. Tampoco nos ahuyentó. O bien eran conscientes del problema, o simplemente les venía bien, el caso es que esperamos a la que faltaba abajo y comimos arriba. Nos propusieron subir cuando se liberó una mesa. El menú del día, de 13 euros, pintaba bien. Probamos un surtido de entrantes consistente en brocheta de pollo con salsa satay (de cacahuetes), rollito thai y saquito crujiente de mariscos. En los segundos optamos por tallarines de arroz con pollo, buey con curry rojo massaman y pollo picado con verduras y guindilla (más suave de lo que me esperaba). Estaba bastante bueno, mejor que Oam Thong y Thaidy, pero sin resultar excepcional y queda muy lejos de mi referencia en esa exótica cocina: el Thai Gardens. Cierto que el precio no es el mismo, y el Thai al parecer tampoco (no conozco el nuevo). No lo recomiendo para impresionar a una cita, arriba le falta intimidad y le sobra ruido, tiene mucho cristal expuesto en el que reverbera el sonido, y abajo necesitan un dispositivo que absorba olores.

Hacia el final de la comida se presentó el marido de una de mis amigas. Le invitamos a acompañarnos a un tour por la zona, pero nuestra propuesta no le tentó lo suficiente. Sus planes consistían en secuestrar a su esposa. Se salió con la suya. Así fue cómo ambos nos abandonaron... y de tres quedaron cuatro y de cuatro sólo dos... (parece una canción infantil)

Un paseo posprandial es siempre recomendable, aunque hacerlo de tienda en tienda puede agotar la tarjeta de crédito más que las piernas. Por casualidades del destino, justo enfrente del restaurante, sale la C/ Pelayo, un punto de partida perfecto. Pasamos por "Beautyque", una combinación de salón de manicura y pedicura decorado en un precioso estilo vintage (merece la pena verlo) que también vende ropa con ese mismo aire. Dimos también un repaso "Con la cabeza bien amueblada" a las perchas de las tienda-peluquería con ese nombre tan singular. Son muy agradables, te venden hasta el mobiliario si así lo deseas, tienen una atractiva selección de vestidos, preciosos zapatos y, tras ver el resultado de sus mechas californianas, casi me siento animada a probarlas (cotillead en su página que es curiosa y muy interesante).

Como no podía ser de otra manera, entramos en Qüin. Cada vez me gusta más. Es una tienda especial. El local, con sus paredes de ladrillo visto, sus percheros de forja y sus espejos algo antiguos, es muy bonito. El atelier le añade encanto, que se refleja en el trabajo que ponen en sus prendas, cuidado al detalle. Es tan original que cuenta con ropa exclusiva, de la que sólo hacen una muestra antes de resolver que es demasiado laboriosa como para repetirla. La selección de telas es impecable y todo luce estilo, con tejidos, corte y costura de calidad a precios asequibles. No nos limitamos a mirar, había cosas irresistibles que nos susurraban "pruébame, prúebame", a las que les prestamos la atención que pedían. (Se puede comprobar en la foto, sacada a traición por mi amiga).

Pasamos por el Outlet de Jepa en Gravina antes de comenzar el circuito de zapaterías de Augusto Figueroa. Subimos por Hortaleza, seguimos por Campoamor, con parada obligada en "Anatomía", con ese nombre no nos preciaríamos como médicos si no le hubiésemos dedicado un rato de estudio (interesante). De ahí a "Nac" en la esquina de Génova con Argensola. Su ropa me gusta mucho aunque sus precios no tanto. Rematamos la tarde en Ekseption, en Marques de la Ensenada con Bárbara de Braganza. Nos rendimos ante una blusa impresionante, creo que de Marc Jacobs, a la que nos resignamos a renunciar tras descubrir su precio en la etiqueta (gracias al 50% de descuento se quedaba en poco más de 700 euros, y no, no me sobra ningún cero). Una tarde muy completa, de puesta al día a nivel personal y en tendencias. El favorito de mi amiga: Qüin. 

viernes, 2 de agosto de 2013

Chueca, rebajas y Qüin.

Imposible resistirse a las rebajas. Ni el calor, ni la crisis, ni mi armario repleto me suponían suficiente aliciente como para quedarme en casa. ¿Dónde ir? ¿Al barrio de Salamanca? Siempre es una buena opción pero confieso que ya me había dado por allí una vuelta. Aproveché la búsqueda del regalo de cumpleaños de House para dar un pequeño paseo, con tour incluido por el interior de cada tienda que encontraba abierta. No es culpa mía si eran casi todas, aunque por desgracia no todas. Me llevé un disgusto cuando me encontré con mi Kálamo cerrada y desmantelada. No es el único negocio que ha desaparecido, la crisis ha llegado también a ese barrio y son muchos los afectados. Encontré cierto consuelo en Marella y dejé allí mi pequeña contribución para evitar que le sucediese lo mismo. El caso es que mi economía no me permite mantener la de todas las tiendas que me gustaría, aunque no me falta voluntad y procuro colaborar con mi granito de arena. Como hacía mucho que no iba por Chueca, opté por esa alternativa.

Conducir por Madrid a partir de la segunda quincena de Julio es una gozada. No tiene nada que ver con el caos habitual: no hay atascos y se tarda sólo lo marcado por la distancia, la velocidad y los semáforos. No se sufre de calor gracias al aire acondicionado (como soy friolera lo pongo muy flojito, no se trata de viajar en una nevera, conozco casos en los que no están contentos hasta que la respiración les sale en forma de nubes de vaho). Dejé el coche en la Plaza de París, que ir por allí y no pasear por ella está catalogado dentro de la categoría de crimen (y con el Tribunal Superior de Justicia ahí al lado, y toda su guardia en los alrededores, no deseaba romper ninguna ley, ni escrita ni no escrita). Agradecí la sombra de sus árboles, no dispongo de un aire acondicionado portátil para el bolso y siempre me olvido el abanico en casa.

En la esquina de Marques de la Ensenada con Barbara de Braganza han abierto la tienda de stock de Ekseption, que antes se ubicaba en Concha Espina. A pesar de ser más económica que la original, y de estar de rebajas, no es apta para todos los bolsillos, aunque no tiene precio para ponerse al día de las últimas tendencias (¿o sí?). Es muy agradable, amplia, luminosa y ordenada (sin esa rigidez en la que una casi ni se atreve a sacar las prendas del perchero). Las dependientas me dejaron mirar a mis anchas, sin agobios. En mi opinión esa es la mejor táctica, al no sentirse presionada se explora todo más tranquilamente, se revisa si es preciso, y es más fácil picar. Los zapatos son dignos de una exposición, y comparten precio con las obras de arte.

De ahí me pasé por Jepa (acrónimo de Jesús y Paco, sus dueños), en la C/ Campoamor (con outlet en la C/ Gravina, muy cerquita). Es pequeña pero con una muy buena selección de una amplia variedad de firmas, diseño y calidad. Sus rebajas, del 50-60%, convierten todo en asequible (en el outlet los precios son de derribo). Me encantó una falda larga, acampanada, con unas aplicaciones de macramé que la convertían en algo diferente y especial (además tengo un bolso y un chal que le van como anillo al dedo). Me la tuvieron que arreglar para ajustarla y ha quedado perfecta.

Seguí por la C/ Pelayo. Esta callecita está llena de pequeñas tiendas "independientes" muy, muy interesantes. Con independientes me refiero a que son fruto de gente creativa, emprendedora, que busca despegar. Se salen de lo habitual. Siempre defiendo que es posible vestirse sin arruinarse y sin necesidad de llevar el mismo uniforme que el resto del mundo. Por el mismo precio se pueden encontrar muchas cosas de mejor calidad, corte, hechura y diseño e incluso gozar de cierta exclusividad.

A través del escaparate me llamaron la atención los vestidos puestos en los bustos de una de ellas, la situada en el nº 62: "Qüin". Por supuesto entré a investigar. Mi curiosidad se vio recompensada con todo un hallazgo. No sólo la tienda es acogedora, sino que su personal derrocha simpatía. Seleccionan la ropa y diseñan buena parte de ella (de hecho los vestidos que había visto y que me habían impulsado a entrar eran de su propia colección). Cuando me acerqué a mirarlos de cerca comprobé que no eran tallas grandes ajustadas al maniquí con un sinfín de alfileres, sino que parecían de mi talla. Desvistieron a los figurines para que pudiera probármelos sin ponerme ni media pega y, ya metida en faena, me cambié varias veces de ropa (hay cosas preciosas). Son prendas favorecedoras, de líneas limpias y con buena caída. No les encontré ningún pero: las telas son muy agradables al tacto, los precios son buenísimos, y con las rebajas absolutamente irresistibles.

Por lo que sé llevan dos meses de andadura. Su empresaria, y diseñadora, trabajó en Ekseption antes de lanzarse por su cuenta. Empezó en Conde de Aranda, con distribución a mayoristas, y ha sido una gran suerte que se decidiese a tratar directamente con aquellos que van a lucir sus prendas. Tiene gusto, talento y elegancia y, además, le entusiasma su trabajo. Es la primera en alegrarse cuando ve que sus vestidos sientan como un guante, cosa que hacen.  Es un placer ciertamente recomendable.

sábado, 27 de abril de 2013

Plan Las Rozas Village

La venta especial del muestrario de verano 2013 de Cristina Castañer, tendrá lugar en Las Rozas Village los días  2, 3 y 4 de Mayo (prolongable hasta terminar existencias, por lo que suele durar unos días más). La tienda abre a las 10 de la mañana y para esa hora ya hay unas cuantas madrugadoras delante de la puerta. Aún así es el mejor momento para ir. A partir de las 11 es difícil hacerse un hueco entre la multitud, y aún más conseguir un asiento en el que descalzarse y calzarse con comodidad. A las 12 meterse en la tienda es entrar en una lata de sardinas sólo comparable con el Metro en hora punta.

Si vuestro número de calzado es el 36 (o un 37 pequeño, según la horma del modelo) merece la pena darse una vueltecilla para conseguir unas alpargatas a un precio más que razonable. Si veis algo que os guste en la estantería, no os lo penséis, cogedlo directamente. Si no lo hacéis así llegará otra espabilada que se hará con ellas y las unirá a los 10 pares que ya ha apartado para decidir entre todas y escoger una (por ley de Murphy que se llevará precisamente las que más os gusten) o ninguna (cuanto más se maree al dependiente más posibilidades hay de que esto suceda).

Si ese no es vuestro número pero conocéis a alguien que lo tenga podéis quedar muy bien si las compráis para regalo. Si os arrepentís al llegar, porque no habéis madrugado y no os apetece luchar por unos zapatos, siempre os quedará la opción de daros un buen paseo por el resto de las tiendas. Pasad antes por la recepción del Village en el que al dar vuestros datos os darán unos vales con un 10% adicional de descuento en todas las tiendas (salvo ofertas).  En Camper tenían una promoción con pares del nº 36 a 40 euros. En Espacio de Creadores venden diseño español muy variado, para todos los estilos y a precios muy asequibles. A las tiendas habituales se han incorporado recientemente bdba, con outlet y un bonito muestrario de temporada, y 1927 una tienda multimarca con zapatos y prendas de Moschino, See by Chloé, Juicy Couture con algunas ofertas estupendas, y otras no tanto. Ambas están próximas entre sí, cerca del Chocolate Factory). Otro imperdible es La Perla y su colección de lencería y baño.

Disfrutad de la visita.

miércoles, 16 de enero de 2013

Claudia di Paolo en Jorge Juan

Hace tiempo, en uno de mis paseos por el barrio de Salamanca, movida por la curiosidad, entré en el precioso salón de belleza de Claudia di Paolo: luminoso, elegante, lujoso, con ese tipo de lujo que invita, no el que abruma y te hace sentirte cohibida y fuera de lugar. Me recibieron con una sonrisa que derrochaba simpatía y encanto y me pasé allí un buen rato mientras me explicaban los detalles de algunos de sus innovadores productos. Entre otras cosas compré una original pulsera de neopreno que pensé que a hermanita le gustaría lucir en las playas brasileñas.

La pulsera no sólo gozó de éxito con su nueva dueña sino que también le entusiasmó a sobrinísima y, como se acerca su santo, le pidió a su madre una igual para esas fechas. Hermanísima, con su previsión habitual, no tuvo a bien informarme hasta que mis vacaciones llegaron a su fin y mi disponibilidad se vio limitada por el horario laboral. No sé si es que hasta ese momento había contado con que el influjo de las ondas cerebrales de sobrinísima, con sus reiteradas preguntas sobre cómo iba lo de su regalo, me alcanzase de algún otro modo. En vista del estrepitoso fracaso de mis dotes de clarividente, finalmente se decidió a darme alguna pista. Por si acaso, me  dio una última oportunidad y prolongó el plazo hasta el  cierre de las tiendas. El lunes por la noche fue el momento escogido para informarme de la noticia y el martes regresé a toda prisa a la tienda para comprobar si les quedaban más pulseras de ese estilo. Son un bien escaso, la casa francesa que las hacía las ha dejado de fabricar, lo que ha convertido esos brazaletes en piezas casi únicas y exclusivas.

En esta visita he aprovechado para tomar notas de los interesantes productos que una de las solícitas esteticistas, y la propia Claudia di Paolo, me han mostrado. El secreto de su filosofía de belleza está en conseguir el bienestar general de la persona, hacer que se sienta especial para que salga de allí relajada y con un aspecto radiante. Se usan productos especialmente seleccionados por su agradable textura y su eficacia, que se aplican con esmero, tiempo y dedicación para obtener los resultados deseados. Se cuida la piel, el cuerpo y el cabello. Uno es tan joven como se siente, al tiempo que mantiene la personalidad de sus rasgos y sus gestos permiten traslucir sus emociones. Para tener una imagen realmente atractiva no se necesita recurrir a botox, a estiramientos, a infiltraciones y a implantes que borren años y expresividad. Es una filosofía con la que estoy muy de acuerdo: cuidarse para sentirse mejor y que eso sea lo que se refleje en el exterior.

Si se escarabajea en su web se descubre que hay mucho donde elegir, todo igualmente tentador para darse un pequeño homenaje que refuerce el ego. Claudia se siente especialmente orgullosa de sus tratamientos con la marca "Evidens de Beauté", la joya de la casa, el equivalente a la alta costura de la cosmética. Es una línea creada por un francés en honor a su esposa, natural de Japón y adicta a los cosméticos como la mayoría de las japonesas, y de las mujeres en general, y decepcionada por la mayoría de sus promesas. Decidió hacer una firma de confianza, que sólo prometiese aquello que podía cumplir, y lo hizo tan bien que sus productos se utilizan incluso para ayudar a regenerar la piel en algunas unidades de quemados hospitalarias. Es el único centro en Madrid con este tratamiento tan exclusivo. Me han dado un vale descuento que usaré para poder informar de los resultados en otro post.

Entre la mercancía de la tienda hay cosas muy interesantes, como el concepto de Guante Líquido de La Ric, para aplicar tras la crema de manos y prolongar su duración, muy útil en una profesión como la mía. Me encantaron los preciosos jabones con aspecto de auténticas rosas, y por supuesto los millones de cremas maravillosas entre las que resulta difícil escoger. Es como encontrarse en la Gruta de los Deseos de Aladino. También hay productos en los que el cuidado y la belleza se aúnan con la diversión, como sucede con la sofisticada cosmética sexual de "Yes for Love" para jugar, dar besos tan ardientes que te dejen helado, hacer cosquillas, brillar en la oscuridad, inspirar, estimular la imaginación y, a modo de Valmont, escribir mensajes  secretos sobre el cuerpo con tinta invisible que se revela bajo la luz de una linterna, o bajo la luz de una vela que se derrite en un cálido aceite de masaje. ¡Todo para seducir, despacio y uno a uno, cada uno de los cinco sentidos!

jueves, 3 de enero de 2013

Asesora de compras

Paula Romani
El hecho de disfrutar al salir de compras y de dejarse llevar, en ocasiones más allá de lo recomendable, por la inercia de gastar, al contrario de lo que pueda parecer, no convierte necesariamente al afectado por esa adicción en un buen asesor de compras. Además del gusto por las tiendas, imprescindible para conocer el estilo de la mercancía de cada una de ellas, se precisan una serie de requisitos, esenciales para ser capaz de orientar con criterio a otros.

1. Buen gusto: Lógicamente y por descontado. Si a los demás no les parece bien lo que llevas puesto, nunca te pedirán que les acompañes a comprarse algo para ellos. Es aplicable el refrán de "sobre gustos, colores" y hay que tener en cuenta que nunca la opinión será unánime.

2. Conocer el carácter de la persona a la que se pretende asesorar: No se trata de disfrazarle sino de que adquiera algo elegante y acorde a su personalidad. Lo fácil es dejarse llevar por los gustos propios pero eso no funciona generalmente para el resto. Cada cual posee su propio estilo, aunque algunos aún no han descubierto el suyo y mientras lo deciden escogen curiosas combinaciones que, por desgracia para los videntes, distan años luz de cualquier canon estético. El caso es que vestir a un clásico con ropa deportiva, por mucho que se intente recalcar la comodidad de la misma, no va a conseguir que un dandy se encuentre naturalmente a gusto envuelto en unos trapos sueltos, con elásticos, y algo deformes, al menos comparados con las camisas casi almidonadas y los pantalones de pinza y raya marcada. Igualmente, encasquetarle un traje de chaqueta a un individuo nacido para lucir vaqueros no suele transformarle mágicamente en un elegante Cary Grant, sino en un completo mamarracho, sin encanto y fuera de lugar. Por supuesto los hay que lucen bien con todo, y aún mejor sin nada.

3. Saber qué tipo de prendas se adaptan mejor a la figura de cada uno. Esto requiere un aprendizaje, pero para eso existen los probadores. No todos los cuerpos son iguales y lo que le sienta bien a una persona delgada no suele ser lo ideal para otra más curvilínea. Hay que buscar cómo realzar los mejores rasgos y esconder los defectos. No se puede pretender destacar una cintura inexistente porque lo único que se conseguirá es llamar la atención sobre su falta. Tampoco hay que engañarse, ante un buen pecho y/o un buen trasero, a la mayoría de los hombres la cintura se la trae sin cuidado.

4. Escoger colores que realcen los rasgos, el color de la piel y del pelo de cada uno. Esto a veces supone ir en contra de los gustos del aconsejado pero, por mucho que a uno le atraigan los tonos salmón, maquillaje y crema, si se es pálido, cual vampiro amelánico, los matices de estas gamas no son precisamente los más recomendables. Además es fundamental tener en cuenta la ocasión en la que se van a lucir. Ir de rojo rabioso a un funeral es tan poco apropiado como de blanco, marfil o de luto estricto, a una boda.

5. Fuerza de voluntad: Éste es el que más cuesta y en el que más se fracasa. Ir de compras es peligroso, muy, muy peligroso. La tentación está ahí, se exhibe irresistible, delante de tus narices, hábilmente colgada de una percha y con un suculento descuento. ¡Es tan fácil caer en ella y acabar comprando para uno mismo! Se olvida el presupuesto e incluso el objetivo inicial de simplemente acompañar al otro a escoger algo "para ella". Repetir a modo de mantra la frase de "hoy no soy el protagonista" ayuda a asumir esa idea.

6. Una cuenta corriente saneada y una tarjeta de crédito con saldo disponible (esta cláusula es necesaria en el más que probable caso de que se malogre el punto 5).  En ocasiones, el probarse un magnífico vestido, fuera del rango de una en esta vida y en todas las futuras, lejos de provocar frustración lo que origina es una pequeña, o inmensa, satisfacción, simplemente por la admiración que despierta la propia imagen ataviada de esa maravillosa guisa. El problema es que, a veces, esa satisfacción vence cualquier reticencia inducida por su disparatado precio.

7. Paciencia (infinita paciencia): Quizás éste sea el requisito principal para evitar que, en determinados casos, el asesoramiento se convierta en un castigo. No a todo el mundo le basta con un vistazo rápido para hacerse a la idea de si lo que hay es, o no, de su agrado. Puede resultar absolutamente desesperante pasarse hora tras hora frente a su indecisión, y hasta causa cierto sentimiento de culpabilidad el salir de un comercio, que se ha revuelto de arriba a abajo bajo la educada sonrisa de la pobre dependiente, con las manos vacías.

8. Sinceridad: la franqueza es indispensable, aunque a veces resulte violenta. Declarar que algo es de dudosa calidad, o simplemente estrafalario, delante de la sonriente dependienta de turno no suele grajear la simpatía de ésta. Afirmar que la prenda de la que tu amiga se ha enamorado no le corresponde puede resultar traumático y se corre el riesgo de romperle el corazón (hay que hacerlo con sutileza pero es vital hacerlo ¿Qué buena amiga que se precie de verdad le permitiría salir hecha un auténtico adefesio sin avisarla?).

9. Sentido del humor: Debería de ser obligatorio para todo, hasta para visitar el infierno. Si no se va dispuesta a disfrutar y a pasárselo bien, mejor quedarse en casa, que ya hay demasiados amargados sueltos por el mundo. El visitar algún sitio extravagante puede resultar interesante y sorprendente: descubrir es aprender y la sabiduría siempre es buena.

Han Yajuan
10. Disposición y diligencia:  En ocasiones, la manta de pereza nos aplasta con toda la fuerza de su peso, gris y melancólico. Si el plan consiste en acompañar una querida amiga ¿cómo no va a resultar apetecible? Las ganas están ahí y, aún así, se requiere un cierto esfuerzo para ponerse en marcha (a veces ingente, especialmente si el rigor del clima se alía a la maldita pereza). Si se vence, desaparece y sólo queda gozar al máximo de la ligera libertad.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Hábito cinegético

Se me ha estropeado el reloj (y era el de repuesto, ahora llevo uno que House me ha cedido amablemente), por lo que me acerqué al barrio de Salamanca a dejarlo en la preciosa joyería en la que mi amante esposo me lo compró. Allí me he llevado la agradable sorpresa de que, además, estaba en garantía. Ahora sólo me queda armarme de paciencia mientras espero que en la casa puedan ocuparse de él, con las fiestas creo que va para largo.

He aprovechado la visita a ese lujoso barrio para hacer unas compras. Hay cosas que no se encuentran en todas partes y que sin embargo por allí son fácil de hallar. Todas, claro, menos el lemoncello que le gusta a House, que tienen habitualmente entre las gourmandisses de Lunch and Dinner. El problema es que con la moda de los Gin Tonics, últimamente han sustituido todo su repertorio alcohólico para dedicarlo exclusivamente a la ginebra. Entre los sacrificados se encuentra precisamente ese lemoncello, del que ya no les quedaba ni un solo resto (creo que fui yo la que se llevó la última botella en otro viaje). Esto me obligará a regresar otro día a la zona para recorrerla a fondo y buscar hasta debajo de las piedras para descubrirlo (seguro que por alguna parte aparecerá). Por si acaso me sonreía la suerte, a continuación me he pasado por Lavinia para investigar. Con las fiestas estaba hasta los topes, pero el servicio es muy eficaz y la cola no ha sido eterna. El surtido de todo lo no derivado de la uva es reducido, excepto el de ginebras que también es bastante variado, así que no he tenido éxito en mi empresa (no tenían de ese lemoncello ni de ningún otro). Justo enfrente de Lavinia está La Distribuidora y esa ha sido la razón por la que no he podido proseguir mis pesquisas. Aunque allí no iba a hallar el lemoncello, he pasado a cotillear (es una tienda ideal para ello, tienen todo tipo de tonterías). Ya se sabe que la curiosidad tiene un precio y en este caso ha sido el de un nuevo cubo de basura, ya sé que es algo prosaico pero eso no lo convierte en menos necesario, con dos secciones para lo orgánico y el reciclaje, lo había incluso con tres pero resultaba excesivamente aparatoso. Pese a que mi prototipo tenía un tamaño más moderado que la versión gigante, no me permitía caminar cómodamente por la calle mientras cargaba con semejante volumen, así que no me ha quedado más remedio que emprender el regreso a casa.

El dichoso trasto me ha obligado a andar despacio, y a detenerme con cierta frecuencia para cambiar su peso, y sus aristas, de posición. Supongo que por ese motivo me han llegado retazos de una conversación pija que tenía lugar casi a la entrada del parking de la Plaza del Marqués de Salamanca (al que he llegado con poca o ninguna paciencia, aunque para la estupidez carezco por completo de reservas). Con el clásico acento nasal característico de los "to me huele" una chica se burlaba del atuendo de una ¿amiga? a la que se había encontrado. Está claro que lo que no se había agotado era mi curiosidad malsana por lo que le he echado un vistazo al modelo de ese indudable icono de la moda. Cual no sería mi sorpresa cuando he descubierto que le faltaban el caballo y la carretilla para ir perfectamente conjuntada: chaqueta guateada y encerada, pantalones de montar (azules eso sí, para ser original), botas Wellington de esa marca tan de moda que ha convertido a las katiuskas de toda la vida en un atraco de casi 200 euros como si fuesen unos finos escarpines de exclusivo diseño italiano. Las susodichas botas, con la etiqueta en lugar visible, eran también azules, aunque  un poco más oscuras que el pantalón. Me pregunto si serán transpirables. Si no es así no me quiero ni imaginar las consecuencias ¿Traerán incluido en el precio un viaje a la húmeda campiña inglesa para ponerlas a prueba?

Por desgracia ese tipo de vestimenta es un uniforme habitual en ese elegante barrio, en el que los más caros diseñadores compiten con las lujosas tiendas de moda ecuestre y de complementos de pesca y caza. Por supuesto, muchos de sus clientes no han pisado jamás un establo ni tocado un animal, fuera de un yorkshire, en su vida. Otra alternativa es que ese atuendo sea imprescindible para subirse al Cayenne, ese todoterreno que tampoco ha conocido más superficie que la del asfalto. La temperatura era bastante agradable, el cielo estaba totalmente despejado y el sol de invierno lucía tan radiante como puede hacerlo en un día claro de diciembre. No he encontrado justificación alguna a la necesidad de esas botas en las cuidadas aceras del barrio.  En la granja habrían hecho furor, aunque no sé si no habría sido un crimen acarrear la paja sucia de los caballos con ellas puestas.

No he llegado a enterarme del atentado contra los dictados de la moda de la supuesta amiga, sólo he captado algo sobre unas botas blancas antes de dejar de prestar atención. Supongo que, además, ¡horror de los horrores! serían de piel. ¡Qué espanto! El caso es que ya lo dice el refrán: la paja en en ojo ajeno y la viga en el propio. No tengo claro si el séquito de amigos, del que nuestra protagonista se había autoerigido en reina, se reía de la amiga o de ella (aunque no les faltaban motivos, mucho me temo que lo hacían de la primera). Para compensar la injusticia, yo lo hago de la segunda (no dudo que en vista de las amistades que se gastan por esos lares, alguno de los que la rodeaba me imitará a no mucho tardar).

sábado, 20 de octubre de 2012

De exposiciones en el Reina Sofía

La toilette- María Blanchard
Mis ganas de pasear se mezclan con una cierta pereza, la que provoca el pensar en arreglarse, salir de casa, ir hasta el Metro, bajar un sinfín de escaleras, esperar en el andén lleno de gente, meterme en un vagón aún más lleno de gente y buscar una pared libre en la que apoyarme para abstraerme con mi libro, mantener el equilibrio mientras leo de pie hasta bajarme en una parada próxima al Retiro. Me encamino al parque, es uno de mis lugares favoritos en Madrid, aunque conviene ir temprano y entre semana porque fuera de este horario se convierte en lugar de cita y de reunión de todas las familias, deportistas, patinadores, ciclistas y dueños de perros de la ciudad. Cuando llego aún está bastante tranquilo, a pesar de que los jardineros ya no utilizan el ecológico rastrillo y las tijeras de podar, sino sierras y aspiradoras con motores contaminantes y ruidosos de los que huyo.

Cruzo el parque, investigo nuevos caminos, silenciosos y solitarios, y salgo de nuevo al mundo por la Cuesta de Moyano. Aún no han terminado de montar los puestos de libros, pero ya puedo ojear lo expuesto. Me contengo y me limito a escoger un sólo libro. Tengo una pila al lado del sillón esperándome, los últimos comprados hace tan sólo unos días en una tienda de segunda mano que descubrí cuando acompañaba a House a renovarse el carnet de conducir. Me perdí entre los libros y, a la vista del percal, el pobre House regresó a casa sin mí.

Me dirijo al Reina Sofía. Tenía una deuda con él y aproveché las vacaciones para hacerle una visita. Descubrí cosas interesantes, aunque reconozco que no sé suficiente de arte moderno como para disfrutarlo todo cómo es debido. Me guío más por la estética y no es en eso en lo que consisten muchas de las obras. Las rupturas con los convencionalismos, las nuevas formas de representación, la experimentación y la transgresión no siempre encuentran eco en mi cabeza. De todos modos espero rellenar algún día mis lagunas, aunque sea poco a poco. No hay prisa.

Como había visitado parte de la exposición permanente recientemente, y hace poco leí en la "Revista de Arte" que inauguraban una retrospectiva de María Blanchard, he optado por esa opción. Es una pintora santanderina, contemporánea de Picasso, una de las pioneras de la vanguardia, con poca repercusión en su momento en España pero cuya relevancia se ha reconocido últimamente. Tras varios viajes de aprendizaje a París, emigró allí en 1916 para instalarse definitivamente en esa ciudad y poder así dedicarse por completo al arte, tal y cómo deseaba. La exposición divide sus obras en 3 etapas, organizadas por orden cronológico:
Un primer periodo de formación cuya iconografía se basa en el retrato y cuyo estilo se adentra en las corrientes modernas. No me llegó, pero ya he explicado mis carencias y limitaciones.
Una segunda época cubista, correspondiente a sus primeros años en París. Recuerda mucho a Juan Gris, aunque, en mi opinión, sus líneas son algo más toscas. Juega también con el collage y las texturas. Algunos cuadros me resultaron opacos, pese al vibrante colorido. Hay un dominio de tonos ocres y no suele faltar el rojo en sus matices más vibrantes, y en ocasiones hasta violento.
Convaleciente - María Blanchard
La tercera etapa tiene lugar en la década de los 20. Es el periodo de entreguerras y Blanchard se adscribe al movimiento denominado Retour à l’ordre. Se aleja del cubismo y retoma la figuración aunque no por ello se acerca al clasicismo ni regresa a su primera época. Su pintura evoluciona hacia un estilo personal, de siluetas recortadas, formas geométricas con bordes definidos y líneas marcadas, de contornos rectos o circulares y pinceladas fuertes y firmes. Son los cuadros de este periodo (al que corresponde el de la cabecera del post) los que más me han gustado, con diferencia, aunque me ha chocado encontrarme en diferentes salas el cuadro al óleo y el dibujo al carboncillo de una misma obra ("La echadora de cartas"), cuando lo lógico hubiese sido colocarlas juntas para apreciarlas mejor. A partir de 1927, tras una crisis de espiritualidad, su pintura se hace más delicada, sus perfiles se difuminan, la luz se libera y sus objetos se desmaterializan. El cuadro de le exposición que mejor refleja este cambio es el del Convaleciente, que pertenece a la colección del Museo, aunque hay que estar atento porque, curiosamente, no está en ninguna de las salas, sino en un pasillo antes de entrar a una de ellas. Es una obra preciosa, que transmite ternura y mucha sensibilidad.

La otra exposición temporal del museo era la de "Espectros de Artaud. Lenguaje y arte en los años cincuenta". Me he acercado pero me he limitado a fisgar. El problema: es una exposición sobre la interacción entre arte y lenguaje, tanto en su forma escrita, con el desarrollo de nuevas grafías, como hablado e interpretado y me ha espantado la acústica llena de ecos del museo. Artaud era un personaje psicológicamente atormentado que define su propia obra como "violenta, sangrienta y cruel". Es el creador del "Teatro de la Crueldad", busca incitar el caos, provocar la convulsión en el espectador. No sé si el retumbar disonante del eco en las salas del Museo formaba parte del montaje para lograr ese efecto o era un añadido no buscado que amplificaba la sensación de incomodidad del visitante. En cualquier caso, no lo he resistido.

"Dalí pintaba relojes para matar el tiempo"
La mañana ha terminado con otro paseo de regreso al Metro. He cambiado el recorrido y he subido por el Barrio de Salamanca. He descubierto en mi paseo un par de tiendas interesantes. (Nota aclaratoria: no recibo nada, ni me llevo comisiones ni descuentos por estos comentarios, son meramente informativos). La primera, una zapatería: "Manolo", en la C/ Conde de Aranda, 6, con zapatos buenos, elegantes y cómodos, y bolsos bonitos y prácticos, en un amplio surtido de colores y a un precio razonable. Mi segundo hallazgo ha sido "24 hours fabulous" una tienda de ropa y complementos de fiesta de firmas de lujo que, además de vender los vestidos, tocados, bolsos y todo lo necesario para cualquier evento, también lo alquilan. Tienen vestidos cortos, largos, prohibitivos para muchos bolsillos, entre ellos el mío, pero permisibles en su versión de alquiler. A los vestidos alquilados se les aplica un descuento proporcional al número de alquileres, al igual que a los de temporadas anteriores, por lo que puede encontrarse alguna oferta atractiva. Por supuesto, disponen de web: 24fab.com (aunque personalmente opino que el diseño de la página no está muy conseguido). Mi última parada ha sido en De Sybaris, en la esquina entre Alcalá y Príncipe de Vergara, para hacerme con alguna deliciosa gourmandisse. En este caso ha sido un vino, recomendación de hace algún tiempo de mi amiga MJ: "Predicador".